SOBRE LITURGIA
Sagrada Congregación para los Ritos y el “Consilium”, Instrucción Inter Oecumenici, sobre la exacta aplicación de la constitución litúrgica, 26 de septiembre de 1964
CAPÍTULO I: Algunas normas generales
I. Aplicación de estas normas
9. Las disposiciones prácticas contenidas en la Constitución y en la presente Instrucción, y todo lo que por medio de esta Instrucción se permite o manda hacer ya desde ahora, antes de la reforma de los libros litúrgicos, aunque sólo se refiere al romano, se puede aplicar también a los demás ritos latinos, según las normas del derecho.
10. Lo que se deja a la decisión de la competente autoridad eclesiástica territorial, sólo ella puede y debe llevarlo a efecto por medio de legítimos decretos.
Se establecerá siempre el tiempo y las circunstancias en que estos decretos entrarán en vigor, pero se dará un tiempo suficiente de
«vacatio legis», para que, por medio de una catequesis adecuada, se instruya a los fieles acerca de su cumplimiento.
CALENDARIO
2 + DOMINGO. EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO, Solemnidad
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, quien, con estos alimentos sagrados, ofrece el remedio de la inmortalidad y la prenda de la Resurrección (elog. del Martirologio Romano).
Misa de la Solemnidad (
blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. Eucaristía. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol.
III.
- Gén 14, 18-20. Sacó pan y vino.
- Sal 109. R.
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
- 1Cor 11, 23-26. Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor.
- Lc 9, 11b-17. Comieron todos y se saciaron.
La Eucaristía, misterio y presencia. La Iglesia celebra todos los días la Eucaristía, pero hoy de una forma especial. Melquisedec agradece a Dios la victoria que ha concedido al patriarca Abrahán y éste le ofrece pan y vino (1 Lect.). La multiplicación de los panes es anuncio de la Eucaristía (Ev.). La Iglesia ha recibido por tradición la Eucaristía en cuanto memorial de la Pascua del Señor (2 Lect.).
* DÍA Y COLECTA DE LA CARIDAD (dependiente de la CEE, obligatoria): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ., colecta.
* Del Domingo IX del Tiempo Ordinario, nada.
Procesión: Como celebración peculiar de esta Solemnidad está la procesión, nacida de la piedad de la Iglesia: en ella el pueblo cristiano, llevando la Eucaristía, recorre las calles con un rito solemne, con cantos y oraciones, y así rinde público testimonio de fe y piedad hacia el Santísimo Sacramento.
Liturgia de Las Horas: oficio de la Solemnidad. Te Deum.
Martirologio: elogs. del 3 de junio, pág. 345.
TEXTOS MISA
Domingo después de la Santísima Trinidad
EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
Solemnidad |
Feria V post Ss.mam Trinitatem
SANCTISSIMI
CORPORIS ET SANGUINIS CHRISTI.
Sollemnitas
Ubi sollemnitas Ss.mi
Corporis et Sanguinis Christi non est de praecepto servanda,
assignatur, tamquam diei proprio, dominicae post Ss.mam
Trinitatem.
|
Antífona de Entrada Sal 80, 17
El
Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel
silvestre. |
Antiphona ad introitum Cf.
Ps 80, 17
Cibávit eos ex ádipe fruménti, et de
petra melle saturávit eos.
|
| Se dice Gloria. |
Dicitur Gloria in
excélsis.
|
Oración colecta
Oh Dios, que
en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión,
te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios
de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en
nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas. |
Collecta
Deus, qui
nobis sub sacraménto mirábili passiónis tuae memóriam
reliquísti, tríbue, quaesumus, ita nos Córporis et Sánguinis
tui sacra mystéria venerári, ut redemptiónis tuae fructum in
nobis iúgiter sentiámus. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in
unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia saecula saeculórum.
|
LITURGIA DE LA
PALABRA
Lecturas de la
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Año C.
PRIMERA
LECTURA
Sacó pan y vino
Lectura del libro del Génesis
14, 18-20
En aquellos días, Melquisedec, rey de
Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a
Abran, diciendo: - «Bendito sea Abrahán por el Dios altísimo,
creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha
entregado tus enemigos.»
Y Abran le dio un décimo de cada cosa.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
SALMO
RESPONSORIAL
Sal 109, 1. 2. 3.
4
R.
| Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. |
Tu es sacérdos in ætérnum secúndum órdinem
Melchísedech. |
Oráculo del Señor a mi
Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.» R.
| Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. |
Tu es sacérdos in ætérnum secúndum órdinem
Melchísedech. |
Desde Sión extenderá el Señor el
poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R.
| Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. |
Tu es sacérdos in ætérnum secúndum órdinem
Melchísedech. |
«Eres príncipe desde el día de tu
nacimiento,
entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré,
como
rocío, antes de la aurora.» R.
| Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. |
Tu es sacérdos in ætérnum secúndum órdinem
Melchísedech. |
El Señor lo ha jurado y no se
arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de
Melquisedec.» R.
| Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. |
Tu es sacérdos in ætérnum secúndum órdinem
Melchísedech. |
SEGUNDA
LECTURA
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del
Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a
los Corintios 11, 23-26
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que
procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en
que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de
gracias, lo partió y dijo: - «Esto es mi cuerpo, que se entrega por
vosotros. Haced esto en memoria mía.»
Lo mismo hizo con el cáliz, después
de cenar, diciendo: - «Este cáliz es la nueva alianza sellada con
mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»
Por eso, cada vez que coméis de este
pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que
vuelva.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
ALELUYA
Jn 6, 51
| Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan vivirá para siempre. |
Ego sum panis vivus, qui de cælo descéndi, dicit Dóminus;
si quis manducáverit ex hoc pane vivet in ætérnum. |
EVANGELIO
Comieron
todos y se saciaron
+
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,
11b-17
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús se puso a
hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le
acercaron a decirle: - «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y
cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí
estamos en descampado.»
Él les contestó: - «Dadles vosotros
de comer.»
Ellos replicaron: - «No tenemos más
que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer
para todo este gentío.»
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos: -
«Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos
peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre
ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los
sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las
sobras: doce cestos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Del Catecismo de la Iglesia Católica
Artículo 3 EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA
1322 La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.
1323 "Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura" (SC 47).
I. LA EUCARISTIA - FUENTE Y CUMBRE DE LA VIDA ECLESIAL
1324 La Eucaristía es "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). "Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua" (PO 5).
1325 "La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre" (CdR, inst. "Eucharisticum mysterium" 6).
1326 Finalmente, en la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos (cf 1Co 15, 28).
1327 En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: "Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar" (S. Ireneo, haer. 4, 18, 5).
II. EL NOMBRE DE ESTE SACRAMENTO
1328 La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus aspectos. Se le llama:
- Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Las palabras "eucharistein" (Lc 22, 19; 1Co 11, 24) y "eulogein" (Mt 26, 26; Mc 14, 22) recuerdan las bendiciones judías que proclaman - sobre todo durante la comida - las obras de Dios: la creación, la redención y la santificación.
1329 - Banquete del Señor (cf 1Co 11, 20) porque se trata de la Cena que el Señor celebró con sus discípulos la víspera de su pasión y de la anticipación del banquete de bodas del Cordero (cf Ap 19, 9) en la Jerusalén celestial.
- Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia (cf Mt 14, 19; Mt 15, 36; Mc 8, 6. 19), sobre todo en la última Cena (cf Mt 26, 26; 1Co 11, 24). En este gesto los discípulos lo reconocerán después de su resurrección (Lc 24, 13-35), y con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas (cf Hch 2, 42. 46; Hch 20, 7. 11). Con él se quiere significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él y forman un solo cuerpo en él (cf 1Co 10, 16-17).
- Asamblea eucarística (synaxis), porque la Eucaristía es celebrada en la asamblea de los fieles, expresión visible de la Iglesia (cf 1Co 11, 17-34).
1330 - Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor.
- Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia; o también santo sacrificio de la misa, "sacrificio de alabanza" (Hch 13, 15; cf Sal 116, 13. 17), sacrificio espiritual (cf 1P 2, 5), sacrificio puro (cf Ml 1, 11) y santo, puesto que completa y supera todos los sacrificios de la Antigua Alianza.
- Santa y divina Liturgia, porque toda la liturgia de la Iglesia encuentra su centro y su expresión más densa en la celebración de este sacramento; en el mismo sentido se la llama también celebración de los santos misterios. Se habla también del Santísimo Sacramento porque es el Sacramento de los Sacramentos. Con este nombre se designan las especies eucarísticas guardadas en el sagrario.
1331 - Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (cf 1Co 10, 16-17); se la llama también las cosas santas [ta hagia; sancta] (Const. Apost. 8, 13, 12; Didaché 9, 5; 10, 6) - es el sentido primero de la comunión de los santos de que habla el Símbolo de los Apóstoles - , pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad (S. Ignacio de Ant. Ef 20, 2), viático…
1332 - Santa Misa porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío de los fieles (missio) a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.
Los signos del pan y del vino
1333 En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo, en memoria de él, hasta su retorno glorioso, lo que él hizo la víspera de su pasión: "Tomó pan… ", "tomó el cáliz lleno de vino… ". Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos gracias al Creador por el pan y el vino (cf Sal 104, 13-15), fruto "del trabajo del hombre", pero antes, "fruto de la tierra" y "de la vid", dones del Creador. La Iglesia ve en en el gesto de Melquisedec, rey y sacerdote, que "ofreció pan y vino" (Gn 14, 18) una prefiguración de su propia ofrenda (cf MR, Canon Romano 95).
1334 En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero reciben también una nueva significación en el contexto del Éxodo los panes ácimos que Israel come cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios (Dt 8, 3). Finalmente, el pan de cada día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. El "cáliz de bendición" (1Co 10, 16), al final del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz.
1335 Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía (cf. Mt 14, 13-21; Mt 15, 32-29). El signo del agua convertida en vino en Caná (cf Jn 2, 11) anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo (cf Mc 14, 25) convertido en Sangre de Cristo.
1336 El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?" (Jn 6, 60). La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?" (Jn 6, 67): esta pregunta del Señor, resuena a través de las edades, invitación de su amor a descubrir que sólo él tiene "palabras de vida eterna" (Jn 6, 68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a él mismo.
V. EL SACRIFICIO SACRAMENTAL: ACCION DE GRACIAS, MEMORIAL, PRESENCIA.
1356 Si los cristianos celebran la Eucaristía desde los orígenes, y de forma que, en su substancia, no ha cambiado a través de la gran diversidad de épocas y de liturgias, sucede porque sabemos que estamos sujetos al mandato del Señor, dado la víspera de su pasión: "haced esto en memoria mía" (1Co 11, 24-25).
1357 Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo que él mismo nos ha dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerpo y la Sangre del mismo Cristo: Así Cristo se hace real y misteriosamente presente
1358 Por tanto, debemos considerar la Eucaristía
- como acción de gracias y alabanza al Padre
- como memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo,
- como presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu.
La acción de gracias y la alabanza al Padre
1359 La Eucaristía, sacramento de nuestra salvación realizada por Cristo en la cruz, es también un sacrificio de alabanza en acción de gracias por la obra de la creación. En el sacrificio eucarístico, toda la creación amada por Dios es presentada al Padre a través de la muerte y resurrección de Cristo. Por Cristo, la Iglesia puede ofrecer el sacrificio de alabanza en acción de gracias por todo lo que Dios ha hecho de bueno, de bello y de justo en la creación y en la humanidad.
1360 La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación. "Eucaristía" significa, ante todo, acción de gracias.
1361 La Eucaristía es también el sacrificio de alabanza por medio del cual la Iglesia canta la gloria de Dios en nombre de toda la creación. Este sacrificio de alabanza sólo es posible a través de Cristo: él une los fieles a su persona, a su alabanza y a su intercesión, de manera que el sacrificio de alabanza al Padre es ofrecido por Cristo y con Cristo para ser aceptado en él.
El memorial sacrificial de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia
1362 La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la liturgia de la Iglesia que es su Cuerpo. En todas las plegarias eucarísticas encontramos, tras las palabras de la institución, una oración llamada anámnesis o memorial.
1363 En el sentido empleado por la Sagrada Escritura, el memorial no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres (cf Ex 13, 3). En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. De esta manera Israel entiende su liberación de Egipto: cada vez que es celebrada la pascua, los acontecimientos del Exodo se hacen presentes a la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos acontecimientos.
1364 El memorial recibe un sentido nuevo en el Nuevo Testamento. Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y esta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual (cf Hb 7, 25-27): "Cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, se realiza la obra de nuestra redención" (LG 3).
1365 Por ser memorial de la Pascua de Cristo, la Eucaristía es también un sacrificio. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las palabras mismas de la institución: "Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros" y "Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será derramada por vosotros" (Lc 22, 19-20). En la Eucaristía, Cristo da el mismo cuerpo que por nosotros entregó en la cruz, y la sangre misma que "derramó por muchos para remisión de los pecados" (Mt 26, 28).
1366 La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa (= hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto:
"(Cristo), nuestro Dios y Señor, se ofreció a Dios Padre una vez por todas, muriendo como intercesor sobre el altar de la cruz, a fin de realizar para ellos (los hombres) una redención eterna. Sin embargo, como su muerte no debía poner fin a su sacerdocio (Hb 7, 24. 27), en la última Cena, "la noche en que fue entregado" (1Co 11, 23), quiso dejar a la Iglesia, su esposa amada, un sacrificio visible (como lo reclama la naturaleza humana), donde sería representado el sacrificio sangriento que iba a realizarse una única vez en la cruz cuya memoria se perpetuaría hasta el fin de los siglos (1Co 11, 23) y cuya virtud saludable se aplicaría a la redención de los pecados que cometemos cada día" (Cc. de Trento: DS 1740).
1367 El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio: "Es una y la misma víctima, que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, que se ofreció a si misma entonces sobre la cruz. Sólo difiere la manera de ofrecer": (CONCILIUM TRIDENTINUM, Sess. 22a. , Doctrina de ss. Missae sacrificio, c. 2: DS 1743) "Y puesto que en este divino sacrificio que se realiza en la Misa, se contiene e inmola incruentamente el mismo Cristo que en el altar de la cruz "se ofreció a sí mismo una vez de modo cruento"; … este sacrificio [es] verdaderamente propiciatorio" (Ibid).
1368 La Eucaristía es igualmente el sacrificio de la Iglesia. La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabeza. Con él, ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión ante el Padre por todos los hombres. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sacrificio de Cristo, presente sobre el altar, da a todas las generaciones de cristianos la posibilidad de unirse a su ofrenda.
En las catacumbas, la Iglesia es con frecuencia representada como una mujer en oración, los brazos extendidos en actitud de orante. Como Cristo que extendió los brazos sobre la cruz, por él, con él y en él, la Iglesia se ofrece e intercede por todos los hombres.
1369 Toda la Iglesia se une a la ofrenda y a la intercesión de Cristo. Encargado del ministerio de Pedro en la Iglesia, el Papa es asociado a toda celebración de la Eucaristía en la que es nombrado como signo y servidor de la unidad de la Iglesia universal. El obispo del lugar es siempre responsable de la Eucaristía, incluso cuando es presidida por un presbítero; el nombre del obispo se pronuncia en ella para significar su presidencia de la Iglesia particular en medio del presbiterio y con la asistencia de los diáconos. La comunidad intercede también por todos los ministros que, por ella y con ella, ofrecen el sacrificio eucarístico:
"Que sólo sea considerada como legítima la eucaristía que se hace bajo la presidencia del obispo o de quien él ha señalado para ello" (S. Ignacio de Antioquía, Smyrn. 8, 1).
"Por medio del ministerio de los presbíteros, se realiza a la perfección el sacrificio espiritual de los fieles en unión con el sacrificio de Cristo, único Mediador. Este, en nombre de toda la Iglesia, por manos de los presbíteros, se ofrece incruenta y sacramentalmente en la Eucaristía, hasta que el Señor venga" (PO 2).
1370 A la ofrenda de Cristo se unen no sólo los miembros que están todavía aquí abajo, sino también los que están ya en la gloria del cielo: La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico en comunión con la santísima Virgen María y haciendo memoria de ella así como de todos los santos y santas. En la Eucaristía, la Iglesia, con María, está como al pie de la cruz, unida a la ofrenda y a la intercesión de Cristo.
1371 El sacrificio eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos "que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados" (Cc. de Trento: DS 1743), para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo:
"Enterrad este cuerpo en cualquier parte; no os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que, dondequiera que os hallareis, os acordéis de mi ante el altar del Señor" (S. Mónica, antes de su muerte, a S. Agustín y su hermano; Conf. 9, 9, 27).
"A continuación oramos (en la anáfora) por los santos padres y obispos difuntos, y en general por todos los que han muerto antes que nosotros, creyendo que será de gran provecho para las almas, en favor de las cuales es ofrecida la súplica, mientras se halla presente la santa y adorable víctima… Presentando a Dios nuestras súplicas por los que han muerto, aunque fuesen pecadores, … presentamos a Cristo inmolado por nuestros pecados, haciendo propicio para ellos y para nosotros al Dios amigo de los hombres" (s. Cirilo de Jerusalén, Cateq. mist. 5, 9. 10).
1372 S. Agustín ha resumido admirablemente esta doctrina que nos impulsa a una participación cada vez más completa en el sacrificio de nuestro Redentor que celebramos en la Eucaristía:
"Esta ciudad plenamente rescatada, es decir, la asamblea y la sociedad de los santos, es ofrecida a Dios como un sacrificio universal por el Sumo Sacerdote que, bajo la forma de esclavo, llegó a ofrecerse por nosotros en su pasión, para hacer de nosotros el cuerpo de una tan gran Cabeza… Tal es el sacrificio de los cristianos: "siendo muchos, no formamos más que un sólo cuerpo en Cristo" (Rm 12, 5). Y este sacrificio, la Iglesia no cesa de reproducirlo en el Sacramento del altar bien conocido de los fieles, donde se muestra que en lo que ella ofrece se ofrece a sí misma" (civ. 10, 6).
1564 "Los presbíteros, aunque no tengan la plenitud del sacerdocio y dependan de los obispos en el ejercicio de sus poderes, sin embargo están unidos a éstos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del Orden, quedan consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (Hb 5, 1-10; Hb 7, 24; Hb 9, 11-28), para anunciar el Evangelio a los fieles, para dirigirlos y para celebrar el culto divino" (LG 28).
1565 En virtud del sacramento del Orden, los presbíteros participan de la universalidad de la misión confiada por Cristo a los apóstoles. El don espiritual que recibieron en la ordenación los prepara, no para una misión limitada y restringida, "sino para una misión amplísima y universal de salvación `hasta los extremos del mundo'" (PO 10), "dispuestos a predicar el evangelio por todas partes" (OT 20).
1566 "Su verdadera función sagrada la ejercen sobre todo en el culto o en la comunión eucarística. En ella, actuando en la persona de Cristo y proclamando su Misterio, unen la ofrenda de los fieles al sacrificio de su Cabeza; actualizan y aplican en el sacrificio de la misa, hasta la venida del Señor, el único Sacrificio de la Nueva Alianza: el de Cristo, que se ofrece al Padre de una vez para siempre como hostia inmaculada" (LG 28). De este sacrificio único, saca su fuerza todo su ministerio sacerdotal (cf PO 2).
Del Papa Benedicto XVI, Homilía 3 junio 2010
El sacerdocio del Nuevo Testamento está íntimamente unido a la Eucaristía. Por esto, hoy, en la solemnidad del Corpus Christi y casi al final del Año sacerdotal, se nos invita a meditar en la relación entre la Eucaristía y el sacerdocio de Cristo. En esta dirección nos orientan también la primera lectura y el salmo responsorial, que presentan la figura de Melquisedec. El breve pasaje del Libro del Génesis (cf. 14, 18-20) afirma que Melquisedec, rey de Salem, era "sacerdote del Dios altísimo" y por eso "ofreció pan y vino" y "bendijo a Abram", que volvía de una victoria en batalla. Abraham mismo le dio el diezmo de todo. El salmo, a su vez, contiene en la última estrofa una expresión solemne, un juramento de Dios mismo, que declara al Rey Mesías: "Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec" (Sal 110, 4). Así, el Mesías no sólo es proclamado Rey sino también Sacerdote. En este pasaje se inspira el autor de la Carta a los Hebreos para su amplia y articulada exposición. Y nosotros lo hemos repetido en el estribillo: "Tú eres sacerdote eterno, Cristo Señor": casi una profesión de fe, que adquiere un significado especial en la fiesta de hoy. Es la alegría de la comunidad, la alegría de toda la Iglesia que, contemplando y adorando el Santísimo Sacramento, reconoce en él la presencia real y permanente de Jesús, sumo y eterno Sacerdote.
La segunda lectura y el Evangelio, en cambio, centran la atención en el misterio eucarístico. De la Primera Carta a los Corintios (cf. 1Co 11, 23-26) está tomado el pasaje fundamental, en el que san Pablo recuerda a la comunidad el significado y el valor de la "Cena del Señor", que el Apóstol había transmitido y enseñado, pero que corrían el riesgo de perderse. El Evangelio, en cambio, es el relato del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, en la redacción de san Lucas: un signo atestiguado por todos los Evangelistas y que anuncia el don que Cristo hará de sí mismo, para dar a la humanidad la vida eterna. Ambos textos ponen de relieve la oración de Cristo, en el acto de partir el pan. Naturalmente, hay una neta diferencia entre los dos momentos: cuando parte los panes y los peces para las multitudes, Jesús da gracias al Padre celestial por su providencia, confiando en que no dejará que falte el alimento a toda esa gente. En la última Cena, en cambio, Jesús convierte el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, para que los discípulos puedan alimentarse de él y vivir en comunión íntima y real con él.
Lo primero que conviene recordar siempre es que Jesús no era un sacerdote según la tradición judía. Su familia no era sacerdotal. No pertenecía a la descendencia de Aarón, sino a la de Judá y, por tanto, legalmente el camino del sacerdocio le estaba vedado. La persona y la actividad de Jesús de Nazaret no se sitúan en la línea de los antiguos sacerdotes, sino más bien en la de los profetas. Y en esta línea Jesús se alejó de una concepción ritual de la religión, criticando el planteamiento que daba valor a los preceptos humanos vinculados a la pureza ritual más que a la observancia de los mandamientos de Dios, es decir, al amor a Dios y al prójimo, que, como dice el Señor, "vale más que todos los holocaustos y sacrificios" (Mc 12, 33). También en el interior del templo de Jerusalén, lugar sagrado por excelencia, Jesús realiza un gesto típicamente profético, cuando expulsa a los cambistas y a los vendedores de animales, actividades que servían para la ofrenda de los sacrificios tradicionales. Así pues, a Jesús no se le reconoce como un Mesías sacerdotal, sino profético y real. Incluso su muerte, que los cristianos con razón llamamos "sacrificio", no tenía nada de los sacrificios antiguos, más aún, era todo lo contrario: la ejecución de una condena a muerte, por crucifixión, la más infamante, llevada a cabo fuera de las murallas de Jerusalén.
Entonces, ¿en qué sentido Jesús es sacerdote? Nos lo dice precisamente la Eucaristía. Podemos tomar como punto de partida las palabras sencillas que describen a Melquisedec: "Ofreció pan y vino" (Gn 14, 18). Es lo que hizo Jesús en la última Cena: ofreció pan y vino, y en ese gesto se resumió totalmente a sí mismo y resumió toda su misión. En ese acto, en la oración que lo precede y en las palabras que lo acompañan radica todo el sentido del misterio de Cristo, como lo expresa la Carta a los Hebreos en un pasaje decisivo, que es necesario citar: "En los días de su vida mortal –escribe el autor refiriéndose a Jesús– ofreció ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas a Dios que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su pleno abandono a él. Aun siendo Hijo, con lo que padeció aprendió la obediencia; y, hecho perfecto, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec" (Hb 5, 7-10). En este texto, que alude claramente a la agonía espiritual de Getsemaní, la pasión de Cristo se presenta como una oración y como una ofrenda. Jesús afronta su "hora", que lo lleva a la muerte de cruz, inmerso en una profunda oración, que consiste en la unión de su voluntad con la del Padre. Esta doble y única voluntad es una voluntad de amor. La trágica prueba que Jesús afronta, vivida en esta oración, se transforma en ofrenda, en sacrificio vivo.
Dice la Carta a los Hebreos que Jesús "fue escuchado". ¿En qué sentido? En el sentido de que Dios Padre lo liberó de la muerte y lo resucitó. Fue escuchado precisamente por su pleno abandono a la voluntad del Padre: el designio de amor de Dios pudo realizarse perfectamente en Jesús que, habiendo obedecido hasta el extremo de la muerte en cruz, se convirtió en "causa de salvación" para todos los que le obedecen. Es decir, se convirtió en sumo sacerdote porque él mismo tomó sobre sí todo el pecado del mundo, como "Cordero de Dios". Es el Padre quien le confiere este sacerdocio en el momento mismo en que Jesús cruza el paso de su muerte y resurrección. No es un sacerdocio según el ordenamiento de la ley de Moisés (cf. Lv 8-9), sino "según el rito de Melquisedec", según un orden profético, que sólo depende de su singular relación con Dios.
Volvamos a la expresión de la Carta a los Hebreos que dice: "Aun siendo Hijo, con lo que padeció aprendió la obediencia". El sacerdocio de Cristo conlleva el sufrimiento. Jesús sufrió verdaderamente, y lo hizo por nosotros. Era el Hijo y no necesitaba aprender la obediencia, pero nosotros sí teníamos y tenemos siempre necesidad de aprenderla. Por eso, el Hijo asumió nuestra humanidad y por nosotros se dejó "educar" en el crisol del sufrimiento, se dejó transformar por él, como el grano de trigo que, para dar fruto, debe morir en la tierra. A través de este proceso Jesús fue "hecho perfecto", en griego teleiotheis. Debemos detenernos en este término, porque es muy significativo. Indica la culminación de un camino, es decir, precisamente el camino de educación y transformación del Hijo de Dios mediante el sufrimiento, mediante la pasión dolorosa. Gracias a esta transformación Jesucristo llega a ser "sumo sacerdote" y puede salvar a todos los que le obedecen. El término teleiotheis, acertadamente traducido con "hecho perfecto", pertenece a una raíz verbal que, en la versión griega del Pentateuco –es decir, los primeros cinco libros de la Biblia– siempre se usa para indicar la consagración de los antiguos sacerdotes. Este descubrimiento es muy valioso, porque nos aclara que la pasión fue para Jesús como una consagración sacerdotal. Él no era sacerdote según la Ley, pero llegó a serlo de modo existencial en su Pascua de pasión, muerte y resurrección: se ofreció a sí mismo en expiación y el Padre, exaltándolo por encima de toda criatura, lo constituyó Mediador universal de salvación.
Volvamos a nuestra meditación, a la Eucaristía, que dentro de poco ocupará el centro de nuestra asamblea litúrgica. En ella Jesús anticipó su sacrificio, un sacrificio no ritual, sino personal. En la última Cena actúa movido por el "Espíritu eterno" con el que se ofrecerá en la cruz (cf. Hb 9, 14). Dando gracias y bendiciendo, Jesús transforma el pan y el vino. El amor divino es lo que transforma: el amor con que Jesús acepta con anticipación entregarse totalmente por nosotros. Este amor no es sino el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor, haciendo presente en el Sacramento el mismo sacrificio que se realiza luego de modo cruento en la cruz. Así pues, podemos concluir que Cristo es sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Espíritu Santo, estaba colmado de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente "en la noche en que fue entregado", precisamente en la "hora de las tinieblas" (cf. Lc 22, 53). Esta fuerza divina, la misma que realizó la encarnación del Verbo, es la que transforma la violencia extrema y la injusticia extrema en un acto supremo de amor y de justicia. Esta es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio común de los bautizados y el ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios. Todos, sacerdotes y fieles, nos alimentamos de la misma Eucaristía; todos nos postramos para adorarla, porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, está presente el verdadero Cuerpo de Jesús, Víctima y Sacerdote, salvación del mundo. Venid, exultemos con cantos de alegría. Venid, adoremos. Amén.
| Se dice Credo. |
Dicitur Credo.
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Oración sobre las ofrendas
Concede,
Señor, a tu Iglesia el don de la paz y la unidad, significado en
las ofrendas sacramentales que te presentamos. Por Jesucristo,
nuestro Señor. |
Super oblata
Ecclésiae
tuae, quaesumus, Dómine, unitátis et pacis propítius dona
concéde, quae sub oblátis munéribus mystice designántur. Per
Christum.
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PREFACIO II DE LA SANTÍSIMA
EUCARISTÍA Los frutos de la Santísima Eucaristía
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, en
la última cena con los apóstoles, para perpetuar su pasión
salvadora, se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado y
Eucaristía perfecta.
Con este sacramento alimentas y
santificas a tus fieles, para que una misma fe ilumine y un mismo
amor congregue a todos los hombres que habitan un mismo
mundo.
Así, pues, nos reunimos en torno a la mesa de este
sacramento admirable, para que la abundancia de tu gracia nos
lleve a poseer la vida celestial.
Por eso, Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la
tierra, te adoran cantando un cántico nuevo; y también nosotros,
con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo:
Santo, Santo, Santo... |
PRAEFATIO II DE SS.MA
EUCHARISTIA De fructibus Sanctissimae Eucharistiae
Vere
dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et
ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens
aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui cum Apóstolis
suis in novíssima cena convéscens, salutíferam crucis memóriam
prosecutúrus in saecula, Agnum sine mácula se tibi óbtulit,
perféctae laudis munus accéptum. Quo venerábili mystério
fidéles tuos aléndo sanctíficas, ut humánum genus, quod
cóntinet unus orbis, una fides illúminet, cáritas una
coniúngat.
Ad mensam ígitur accédimus tam mirábilis
sacraménti, ut, grátiae tuae suavitáte perfúsi, ad caeléstis
formae imáginem transeámus.
Propter quod caeléstia tibi
atque terréstria cánticum novum cóncinunt adorándo, et nos cum
omni exércitu Angelórum proclamámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
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| PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. |
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Antífona de la comunión Jn 6, 57
El
que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él -dice
el Señor. |
Antiphona ad communionem Jn
6, 57
Qui mandúcat meam carnem et bibit meum
sánguinem, in me manet et ego in eo, dicit Dóminus.
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Oración después de la comunión
La
comunión de tu Cuerpo y Sangre, Señor, signo del banquete del
reino, que hemos gustado en nuestra vida mortal, nos llene del
gozo eterno de tu divinidad . Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos. |
Post communionem
Fac
nos, quaesumus, Dómine, divinitátis tuae sempitérna fruitióne
repléri, quam pretiósi Córporis et Sánguinis tui temporális
percéptio praefigúrat. Qui vivis et regnas in saecula
saeculórum.
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Expedit ut processio fiat
post Missam, in qua hostia in processione deferenda consecretur.
Nihil tamen impedit quominus processio peragatur etiam post
publicam et protractam adorationem quae Missam sequatur. Si
processio fit post Missam, expleta fidelium Communione,
ostensorium, in quo posita est hostia consecrata, in altari
collocatur. Dicta oratione post Communionem, omissis ritibus
conclusionis, instruitur processio.
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MARTIROLOGIO
Santos mártires Marcelino, presbítero, y Pedro, exorcista, de los cuales el papa san Dámaso cuenta que, en la persecución bajo Diocleciano, fueron condenados a muerte, y conducidos al lugar del suplicio, que estaba lleno de zarzales, después de obligarles a cavar su propia tumba fueron degollados y enterrados, para que no quedase su sepultura, pero, más tarde, una piadosa mujer llamada Lucila trasladó sus restos a Roma, en la vía Labicana, en el cementerio llamado «ad Duas Lauros» (c. 304).
2. En Lyon, en la Galia,
santos mártires Potino, obispo, y Blandina, junto con cuarenta y seis compañeros (Estos son los nombres: Zacarías, presbítero, Vecio Epagato, Macario, Asclibíades, Silvio, Primo, Ulpio, Vital, Comino, Octubre, Filomeno, Gemino, Julia, Albina, Grata, Emilia, Potamia, Pompeya, Rodana, Biblis, Quarcia, Materna, Helpis; Santo, diácono; Maturo, neófito; Atalo de Pérgamo, Alexander de Frigia, Pontico, Justo, Aristeo, Cornelio, Zosimo, Tito, Julio, Zotico, Apolonio, Geminiano, otra Julia, Ausona, otra Emilia, Jamnica, otra Pompeya, Domna, Justa, Trófima y Antonia.), de quienes la carta de la Iglesia de Lyon a las Iglesias de Asia y Frigia cuenta con detalle su valeroso y repetido certamen, en tiempo del emperador Marco Aurelio. El obispo Potino, ya nonagenario, al poco tiempo de ser encarcelado falleció, algunos otros también murieron en la cárcel, mientras que los restantes fueron expuestos como espectáculo en el anfiteatro, ante miles de personas, donde los que eran ciudadanos romanos fueron degollados y los demás entregados a las fieras, y por último Blandina, reservada para un combate más cruel y prolongado, después de alentar a sus compañeros les siguió al ser degollada (177).
3. En Formia, de la Campania,
san Erasmo, obispo y mártir (c. 303).
4. En Roma, en la basílica de San Pedro,
san Eugenio I, papa, que sucedió a san Martín, mártir (657).
5. En el Bósforo, de la Propóntide, muerte de
san Nicéforo, obispo de Constantinopla, quien, propugnador acérrimo de las tradiciones paternas, se opuso con decisión al emperador iconoclasta León el Armenio, defendiendo el culto de las sagradas imágenes. Expulsado de su sede y encerrado mucho tiempo en un monasterio, entregó su alma a Dios (629).
6*. En Acqui, del Piamonte,
san Guido, obispo (1070).
7*. En Trani, de la Apulia,
san Nicolás, peregrino, que, natural de Grecia, recorría toda la región llevando un crucifijo en la mano y repitiendo incensantemente: «Señor, ten piedad» (1094).
8*. En Sandomierz, junto al río Vístula, en Polonia,
beatos Sadoc, presbítero, y sus compañeros de la Orden de Predicadores, mártires, que, según la tradición, fueron víctimas de los tártaros mientras cantaban la Salve Regina, saludando al final de su existencia a la Madre de la Vida (1260).
9. En la ciudad de Au Thi, en Tonquín,
santo Domingo Ninh, mártir, joven agricultor que, por no querer pisotear la cruz, fue degollado en tiempo del emperador Tu Duc (1862).
10.
En la ciudad de Astorga, en Hispania, san Dictino, obispo, que defendió con firmeza la sana doctrina cristiana (s. V).
11.
En la ciudad de Girona, en la Hispania Tarraconense, memoria de los santos Germán, Paulino, Justo y Sicio mártires (s. inc.).
12.
En la localidad de Ortega, en región de Burgos, memoria de san Juan, presbítero, quien, después de haber visitado los Santos Lugares de Jerusalén, dedicó su vida a atender a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela (1163).