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Domingo 4 diciembre 2016, II Domingo de Adviento, ciclo A.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Lunes 9 enero 2017, I semana del Tiempo Ordinario, misa de feria, año impar.

SOBRE LITURGIA

Beato Pablo VI. Carta Apostólica en forma de Motu proprio "Ministeria Quaedam"

IX. Los ministerios son conferidos por el Ordinario (el Obispo. y, en los Institutos clericales de perfección, el Superior Mayor) mediante el rito litúrgico «De Institutione Lectoris» y «De Institutione Acolythi», aprobado por la Sede Apostólica.

X. Deben observarse los intersticios, determinados por la Santa Sede o las Conferencias Episcopales, entre la colación del ministerio del Lectorado y del Acolitado, cuando a las mismas personas se confiere más de un ministerio.

XI. Los candidatos al Diaconado y al Sacerdocio deben recibir, si no los recibieron ya, los ministerios de Lector y Acólito y ejercerlos por un tiempo conveniente para prepararse mejor a los futuros servicios de la Palabra y del Altar. Para los mismos candidatos, la dispensa de recibir los ministerios queda reservada a la Santa Sede.

XII. La colación de los ministerios no da derecho a que sea dada una sustentación o remuneración por parte de la Iglesia.

XIII. El rito de la institución del Lector y del Acólito será publicado, próximamente por el Dicasterio competente de la Curia Romana.

Estas normas comienzan a ser válidas a partir del, día primero de enero de 1973.

Mandarnos que todo cuanto hemos decretado con la presente Carta, en forma de Motu Proprio, tenga plena validez y eficacia, no obstante cualquier disposición en contrario.

Dado en Roma, cerca de San Pedro, el 15 de agosto, en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, del año 1972, décimo de nuestro Pontificado.


PABLO PP. VI

CALENDARIO

COMIENZA EL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera semana del salterio
Comienza a utilizarse el volumen III de la Liturgia de las Horas
En la Misa dominical: el volumen I-A del Leccionario
En la Misa ferial: el volumen III-impar del Leccionario

9 LUNES DE LA I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria o SAN EULOGIO DE CÓRDOBA, presbítero y mártir, memoria libre

Misa
de feria (verde) o de la memoria (rojo).
MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de pastores o del común de mártires, o de un domingo del T. O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-impar .
- Heb 1, 1-6. Dios nos ha hablado por el Hijo.
- Sal 96. R. Adorad a Dios todos sus ángeles.
- Mc 1, 14-20. Convertíos y creed en el Evangelio.
o bien: cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 10 de enero, pág. 102.
CALENDARIOS: Canonesas de la Orden Justiniana: Bautismo del Señor (F-trasladada).
Carmelitas: San Pedro Corsini, obispo (F). Carmelitas Descalzos: (ML).
Córdoba y Toledo: San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir (MO).
Oviedo: Santos Eulogio, presbítero, y Lucrecia, virgen, mártires (ML).
Canónigos Regulares de Letrán: Beata Alexia le Clerc, virgen (ML).
Córdoba: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Demetrio Fernández González, obispo (2005).

TEXTOS MISA

I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO HEBDOMADA I PER ANNUM
Antífona de entrada
En un trono excelso vi sentado a un hombre, a quien adora muchedumbre de ángeles, que cantan a una sola voz: «Su imperio es eterno».
Antiphona ad introitum
In excélso throno vidi sedére virum, quem adórat multitúdo Angelórum, psalléntes in unum: Ecce cuius impérii nomen est in aetérnum.
Oración colecta
Te pedimos, Señor, que atiendas con tu bondad los deseos del pueblo que te suplica, para que vea lo que tiene que hacer y reciba la fuerza necesaria para cumplirlo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Vota, quaesumus, Dómine, supplicántis pópuli caelésti pietáte proséquere, ut et quae agénda sunt vídeant, et ad implénda quae víderint convaléscant. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la I semana de Tiempo Ordinario, año impar.


PRIMERA LECTURA Heb 1, 1-6
Dios nos ha hablado por el Hijo

Comienzo de la carta a los Hebreos.

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues ¿a qué ángel dijo jamás:
«Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»;
y en otro lugar:
«Yo seré para él un padre,
y él será para mí un hijo?».
Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice:
«Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9. (R.: cf. 7c)
R.
Adorad a Dios todos sus ángeles. Adoráte Deum, omnes ángeli eius.

V. El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. R.
Adorad a Dios todos sus ángeles. Adoráte Deum, omnes ángeli eius.

V. Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Adoradlo todos sus ángeles. R.
Adorad a Dios todos sus ángeles. Adoráte Deum, omnes ángeli eius.

V. Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.
Adorad a Dios todos sus ángeles. Adoráte Deum, omnes ángeli eius.

Aleluya Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Está cerca el reino de Dios -dice el Señor-; convertíos y creed en el Evangelio. R.
Appropinquávit regnum Dei; pænitémini et crédite Evangélio.

EVANGELIO Mc 1, 14-20
Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Palabra del Señor.
R. Gloria ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ángelus 25 enero 2015
Precisamente en el momento en el cual la voz profética del Bautista, que anunciaba la venida del Reino de Dios, fue silenciada por Herodes, Jesús comienza a recorrer los caminos de su tierra para llevar a todos, especialmente a los pobres, "el Evangelio de Dios" (ibid.). El anuncio de Jesús es similar al de Juan, con la diferencia sustancial de que Jesús no indica ya a otro que debe venir: Jesús es Él mismo la realización de las promesas; es Él mismo la "buena noticia" que se ha de creer, acoger y comunicar a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que también ellos confíen su existencia a Él. Jesucristo en persona es la Palabra viviente y operante en la historia: quien le escucha y le sigue entra en el reino de Dios.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario I
289. Imploremos, hermanos, la piedad de Dios Padre todopoderoso, y pidámosle que escuche nuestra oración.
- Para que conceda a la Iglesia el gozo del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.
- Para que otorgue a los pueblos la concordia leal y pacífica. Roguemos al Señor.
- Para que dé a los desterrados el gozo del retorno. Roguemos al Señor.
- Para que a nosotros, su pueblo, nos haga crecer en la fe, nos purifique el corazón y nos abra la puerta del reino eterno. Roguemos al Señor.
Muestra, Padre celestial, tu bondad al pueblo que te suplica, para que reciba sin tardanza lo que pide confiadamente, siguiendo tu inspiración. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Señor, que la ofrenda de tu pueblo te agrade, nos santifique
y alcance para nosotros lo que imploramos piadosamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Grata tibi sit, quaesumus, Dómine, tuae plebis oblátio, per quam et sanctificatiónem réferat, et quae pie precátur obtíneat. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCARISTICA II.
Antífona de la comunión Sal 35, 10
Señor, en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.
O bien: Jn 10, 20
Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante, dice el Señor.
Antiphona ad communionem Ps 35, 10
Dómine, apud te est fons vitae, et in lúmine tuo vidébimus lumen.
Vel: Jn 10, 10
Ego veni, ut vitam hábeant, et abundántius hábeant, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Te suplicamos, Dios todopoderoso, que concedas, a quienes alimentas con tus sacramentos, la gracia de poder servirte
llevando una vida según tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Súpplices te rogámus, omnípotens Deus, ut, quos tuis réficis sacraméntis, tibi étiam plácitis móribus dignánter deservíre concédas. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 10 de enero

1. En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Melquíades, papa, oriundo de África, que conoció la paz concedida por el emperador Constantino a la Iglesia, pero víctima de los ataques de los donatistas, se distinguió por sus esfuerzos encaminados a obtener la concordia (314).
2. En la Tebaida (hoy Egipto), san Pablo, eremita, uno de los primeros en abrazar la vida monástica (s. IV).
3. En la ciudad de Nisa, en la región de Capadocia (hoy Turquía), san Gregorio, obispo, hermano de san Basilio el Grande, admirable por su vida y doctrina, que, por haber confesado la recta fe, fue expulsado de su sede por el emperador arriano Valente (antes del 400).
4. En Jerusalén, san Juan, obispo, que en tiempo de la controversia acerca de la doctrina ortodoxa trabajó denodadamente en favor de la fe católica y de la paz en la Iglesia (417).
5*. En la ciudad de Die, en la región de la Galia Vienense (hoy Francia), san Petronio, obispo, que antes había abrazado la vida monástica en la isla de Lérins (después de 463).
6. En Constantinopla (Estambul, hoy en Turquía), san Marciano, presbítero, que se distinguió en la ornamentación de las iglesias y en la ayuda prestada a los pobres (471).
7*. En la ciudad de Limoges, en Aquitania (hoy Francia), san Valerio, que llevó vida solitaria (s. VI).
8*. En Melitene, ciudad de Armenia, san Domiciano, obispo, que trabajó con ahínco en la conversión de los persas (c. 602).
9. En Roma, en la basílica de San Pedro, san Agatón, papa, que mantuvo íntegra la fe ante los errores de los monotelitas y promovió la unidad de la Iglesia convocando sínodos (681).
10*. En la región de Viviers, cerca del Ródano (hoy Francia), san Arconte, obispo (c. 740-745).
11. En el monasterio de Cuixá, en los Pirineos (hoy Francia), san Pedro Urseolo, el cual, siendo dux de Venecia, se hizo monje, distinguiéndose por su piedad y austeridad, y viviendo en un eremitorio cercano al monasterio (c. 987/988).
12*. En el monasterio de Cava, en la Campania (hoy Italia), beato Benincasa, abad, que envió cien monjes a Sicilia para restaurar la vida regular en el abandonado cenobio de Monreale (1194).
13. En la ciudad de Bourges, en Aquitania (hoy Francia), san Guillermo, obispo, que, deseoso de soledad y meditación, se hizo monje en el monasterio cisterciense de Pontigny. Más tarde fue abad de Chaalis y, después, elegido obispo de Bourges, no abandonando nunca la austeridad de la vida monástica y distinguiéndose por su amor a los clérigos, a los cautivos y a los desgraciados (1209).
14*. En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo, presbítero de Braga, que después de una larga peregrinación por Tierra Santa ingresó en la Orden de Predicadores y más tarde se retiró a una ermita, ayudando a construir un puente y trabajando en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación (c. 1259).
15*. En la ciudad de Arezzo, en la Toscana (hoy Italia), beato Gregorio X, papa, que, siendo arcediano de Lieja, fue elevado a la sede de Pedro, desde donde favoreció enérgicamente la comunión con los griegos, y para aplacar las divergencias entre los cristianos y recuperar Tierra Santa, convocó el Concilio II de Lyon (1276).
16*. En Laurenzana, en la Lucania (hoy Italia), beato Egidio (Bernardino) Di Bello, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que vivió encerrado en una cueva (1518).
17*. En la ciudad de Arequipa, en Perú, beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen de la Orden de Predicadores, que con sus dones de consejo y profecía se dedicó a promover el bien de toda la ciudad (1686).
18*. En Perugia, ciudad de Italia, beata Francisca de Sales (Leonia) Aviat, virgen, que se dedicó con amor materno y sagacidad a la educación de las jóvenes y fundó las Oblatas de San Francisco de Sales (1914).
19*. En Madrid, capital de España, beata María Dolores Rodríguez Sopeña, virgen, la cual dio muestras de su gran caridad cristiana al dedicarse a los más abandonados de la sociedad de su tiempo, acercándose especialmente a los suburbios de las mayores ciudades, y para anunciar el Evangelio y atender a los pobres y a los obreros en cuestiones sociales, fundó el Instituto de la Damas Catequistas y la Obra de la Doctrina (1918).

domingo, 4 de diciembre de 2016

Domingo 8 enero 2017, El Bautismo del Señor, fiesta, ciclo A.

SOBRE LITURGIA 

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

La fiesta del Bautismo del Señor


119. Los misterios del Bautismo del Señor y de su manifestación en las bodas de Caná están estrechamente ligados con el acontecimiento salvífico de la Epifanía.

La fiesta del Bautismo del Señor concluye el Tiempo de navidad. Esta fiesta, revalorizada en nuestros días, no ha dado origen a especiales manifestaciones de la piedad popular. Sin embargo, para que los fieles sean sensibles a lo referente al Bautismo y a la memoria de su nacimiento como hijos de Dios, esta fiesta puede constituir un momento oportuno para iniciativas eficaces, como: el uso del Rito de la aspersión dominical con el agua bendita en todas las misas que se celebran con asistencia del pueblo; centrar la homilía y la catequesis en los temas y símbolos bautismales.

CALENDARIO

8 + DOMINGO. BAUTISMO DEL SEÑOR, fiesta


Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre es purificado y se alegra toda la tierra (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I (A).
- Is 42, 1-4. 6-7. Mirad a mi siervo, en quien me complazco.
- Sal 28. R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
- Hch 10, 34-38. Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
- Mt 3, 13-17. Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él.

El Padre, en el bautismo de Cristo en el Jordán, quiso revelar solemnemente que él era su Hijo amado, su predilecto (cf. orac. colecta y Ev.). En Él se cumple la profecía de Isaías: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo». Él es el ungido por el Espíritu Santo, el Mesías que «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo» (2 lect.). Acercándose al bautismo como si fuera un pecador más, anuncia que cargará en la cruz con peso de nuestros pecados y así nos salvará.

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, tampoco la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la fiesta. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 9 de enero, pág. 100.
CALENDARIOS: Canonesas de la Orden Justiniana: San Lorenzo Justiniani, obispo (S).
Lugo: Aniversario de la muerte de Mons. José Higinio Gómez González, obispo, emérito (2008).
Tortosa: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Enrique Benavent Vidal, obispo (2005).

TERMINA EL TIEMPO DE NAVIDAD

TEXTOS MISA

Domingo después del 6 de enero
EL BAUTISMO DEL SEÑOR
Fiesta
Dominica post diem 6 ianuarii occurrente
IN BAPTISMATE DOMINI
Festum
Antífona de entrada Cf. Mt 3, 16-17
Apenas se bautizó el Señor, se abrieron los cielos, y el Espíritu se posó sobre él como una paloma, y se oyó la voz del Padre que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.
Antiphona ad introitum Cf. Mt 3, 16-17
Baptizáto Dómino, apérti sunt caeli, et sicut colúmba super eum Spíritus mansit, et vox Patris intónuit: Hic est Fílius meus diléctus, in quo mihi bene complácui.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, al enviar sobre él tu Espíritu Santo, quisiste revelar solemnemente a tu Hijo amado, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh, Dios, cuyo Unigénito se manifestó en la realidad de nuestra carne, haz que merezcamos ser transformados interiormente por aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui Christum, in Iordáne flúmine baptizátum, Spíritu Sancto super eum descendénte, diléctum Fílium tuum sollémniter declarásti, concéde fíliis adoptiónis tuae, ex aqua et Spíritu Sancto renátis, ut in beneplácito tuo iúgiter persevérent. Per Dóminum.
Vel:
Deus, cuius Unigénitus in substántia nostrae carnis appáruit, praesta, quaesumus, ut, per eum, quem símilem nobis foris agnóvimus, intus reformári mereámur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la fiesta del Bautismo del Señor, ciclo A (Lec. I A).

PRIMERA LECTURA 42, 1-4. 6-7
Mirad a mi siervo, en quien me complazco
Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R.: 11b)
R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz. Dóminus benedícet pópulo suo in pace

V. Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz. Dóminus benedícet pópulo suo in pace

V. La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz. Dóminus benedícet pópulo suo in pace

V. El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!».
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz. Dóminus benedícet pópulo suo in pace

SEGUNDA LECTURA Hch 10, 34-38
Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Cf. Mc 9, 7
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Se abrieron los cielos y se oyó la voz del Padre: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». R. Cæli apérti sunt et vox Patris intónuit: Hic est Fílius meus caríssimus; audíte illum.

EVANGELIO Mt 3, 13-17
Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
ÁNGELUS, Domingo 12 de enero de 2014
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy es la fiesta del Bautismo del Señor. Esta mañana he bautizado a treinta y dos recién nacidos. Doy gracias con vosotros al Señor por estas criaturas y por cada nueva vida. A mí me gusta bautizar a los niños. ¡Me gusta mucho! Cada niño que nace es un don de alegría y de esperanza, y cada niño que es bautizado es un prodigio de la fe y una fiesta para la familia de Dios.
La página del Evangelio de hoy subraya que, cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán, "se abrieron los cielos" (Mt 3, 16). Esto realiza las profecías. En efecto, hay una invocación que la liturgia nos hace repetir en el tiempo de Adviento: "Ojalá rasgases el cielo y descendieses!" (Is 63, 19). Si el cielo permanece cerrado, nuestro horizonte en esta vida terrena es sombrío, sin esperanza. En cambio, celebrando la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que el cielo se rasgó con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo contemplamos aún el cielo abierto. La manifestación del Hijo de Dios en la tierra marca el inicio del gran tiempo de la misericordia, después de que el pecado había cerrado el cielo, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. Con el nacimiento de Jesús, el cielo se abre. Dios nos da en Cristo la garantía de un amor indestructible. Desde que el Verbo se hizo carne es, por lo tanto, posible ver el cielo abierto. Fue posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para san Esteban, el primer mártir, que exclamó: "Veo los cielos abiertos" (Hch 7, 56). Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Éste es el gran tiempo de la misericordia! No lo olvidéis: ¡éste es el gran tiempo de la misericordia!
Cuando Jesús recibió el Bautismo de penitencia de Juan el Bautista, solidarizándose con el pueblo penitente –Él sin pecado y sin necesidad de conversión–, Dios Padre hizo oír su voz desde el cielo: "Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco" (v. 17). Jesús recibió la aprobación del Padre celestial, que lo envió precisamente para que aceptara compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el auténtico modo de amar. Jesús no se disocia de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Así, nos hace hijos, juntamente con Él, de Dios Padre. Ésta es la revelación y la fuente del amor auténtico. Y, ¡este es el gran tiempo de la misericordia!
¿No os parece que en nuestro tiempo se necesita un suplemento de fraternidad y de amor? ¿No os parece que todos necesitamos un suplemento de caridad? No esa caridad que se conforma con la ayuda improvisada que no nos involucra, no nos pone en juego, sino la caridad que comparte, que se hace cargo del malestar y del sufrimiento del hermano. ¡Qué buen sabor adquiere la vida cuando dejamos que la inunde el amor de Dios!
Pidamos a la Virgen Santa que nos sostenga con su intercesión en nuestro compromiso de seguir a Cristo por el camino de la fe y de la caridad, la senda trazada por nuestro Bautismo.
AUDIENCIA GENERAL, Miércoles 6 de abril de 2016.
¡Jesús es la Misericordia!
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Después de haber reflexionado sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, hoy comenzamos a meditar sobre cómo Jesús mismo la ha llevado a su realización plena. Una misericordia que Él ha expresado, realizado y comunicado siempre, en cada momento de su vida terrena. Encontrando a las multitudes, anunciando el Evangelio, sanando a los enfermos, acercándose a los últimos, perdonando a los pecadores, Jesús hace visible un amor abierto a todos: ¡nadie excluido! Abierto a todos, sin fronteras. Un amor puro, gratuito, absoluto. Un amor que alcanza su culmen en el Sacrificio de la cruz. Sí, el Evangelio es realmente el «Evangelio de la Misericordia» porque ¡Jesús es la Misericordia!
Los cuatros Evangelios dan testimonio de que Jesús, antes de iniciar su ministerio, quiso recibir el bautismo de Juan el Bautista (Mt 3, 13-17; Mc 1, 9-11; Lc 3, 21-22; Jn 1, 29-34). Este acontecimiento imprime una orientación decisiva a toda la misión de Cristo. De hecho, Él no se ha presentado al mundo en el esplendor del templo: podía hacerlo. No se ha hecho anunciar por toques de trompetas: podía hacerlo. Y tampoco llegó vestido como un juez: podía hacerlo. En cambio, después de treinta años de vida oculta en Nazaret, Jesús fue al río Jordán, junto a mucha gente de su pueblo, y se puso en la fila con los pecadores. No tuvo vergüenza: estaba allí con todos, con los pecadores, para bautizarse. Por tanto, desde el inicio de su ministerio, Él se ha manifestado como el Mesías que se hace cargo de la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión. Como Él mismo afirma en la sinagoga de Nazaret identificándose con la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19). Todo cuanto Jesús ha cumplido después del bautismo ha sido la realización del programa inicial: llevar a todos el amor de Dios que salva. Jesús no ha traído el odio, no ha traído la enemistad: ¡nos ha traído el amor! Un amor grande, un corazón abierto para todos, ¡para todos nosotros! ¡Un amor que salva!
Él se ha hecho prójimo de los últimos, comunicándoles la misericordia de Dios que es perdón, alegría y vida nueva. Jesús, el Hijo enviado por el Padre, ¡es realmente el inicio del tiempo de la misericordia para toda la humanidad! Los que estaban presentes en la orilla del Jordán no entendieron de inmediato la grandeza del gesto de Jesús. El mismo Juan el Bautista se sorprendió con su decisión (cf. Mt 3, 14). ¡Pero el Padre celestial no! Él hizo oír su voz desde lo alto: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1, 11). De este modo el Padre confirma el camino que el Hijo ha iniciado como Mesías, mientras desciende sobre Él en forma de paloma el Espíritu Santo. Así, el corazón de Jesús late, por así decir, al unísono con el corazón del Padre y del Espíritu, mostrando a todos los hombres que la salvación es fruto de la misericordia de Dios.
Podemos contemplar aún más claramente el gran misterio de este amor dirigiendo la mirada a Jesús crucificado. Cuando va a morir inocente por nosotros pecadores, Él suplica al Padre: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Es en la cruz que Jesús presenta a la misericordia del Padre el pecado del mundo: el pecado de todos, mis pecados, tus pecados, vuestros pecados. Allí, en la cruz, Él se los presenta al Padre. Y con el pecado del mundo todos los nuestros son eliminados. Nada ni nadie queda excluido de esta oración sacrificial de Jesús. Eso significa que no debemos temer reconocernos y confesarnos pecadores. Cuántas veces decimos: «Pero, este es un pecador, este ha hecho eso y aquello?», y juzgamos a los demás. ¿Y tú? Cada uno de nosotros debería preguntarse: «Sí, ese es un pecador, ¿y yo?». Todos somos pecadores, pero todos somos perdonados: todos tenemos la responsabilidad de recibir este perdón que es la misericordia de Dios. Por tanto, no debemos temer reconocernos pecadores, confesarnos pecadores porque cada pecado ha sido llevado por el Hijo a la cruz. Y cuando nosotros lo confesamos arrepentidos encomendándonos a Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha adquirido! No debemos temer nuestras miserias: cada uno tiene las suyas. El poder del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se agota nunca. Y esta misericordia elimina nuestras miserias.
Queridos hermanos, en este Año jubilar pidamos a Dios la gracia de hacer experiencia del poder del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y mirar al mundo con más bondad. Si acogemos el Evangelio del Crucificado Resucitado, toda nuestra vida es plasmada por la fuerza de su amor que renueva.

Del Papa Benedicto XVI
ÁNGELUS, Domingo 13 de enero de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Con la fiesta del Bautismo del Señor, que celebramos hoy, se concluye el tiempo litúrgico de Navidad. El Niño, a quien los Magos de Oriente vinieron a adorar en Belén, ofreciéndole sus dones simbólicos, lo encontramos ahora adulto, en el momento en que se hace bautizar en el río Jordán por el gran profeta Juan (cf. Mt 3, 13). El Evangelio narra que cuando Jesús, recibido el bautismo, salió del agua, se abrieron los cielos y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma (cf. Mt 3, 16). Se oyó entonces una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco" (Mt 3, 17). Esa fue su primera manifestación pública, después de casi treinta años de vida oculta en Nazaret.
Testigos oculares de ese singular acontecimiento fueron, además del Bautista, sus discípulos, algunos de los cuales se convirtieron desde entonces en seguidores de Cristo (cf. Jn 1, 35-40). Se trató simultáneamente de cristofanía y teofanía: ante todo, Jesús se manifestó como el Cristo, término griego para traducir el hebreo Mesías, que significa "ungido". Jesús no fue ungido con óleo a la manera de los reyes y de los sumos sacerdotes de Israel, sino con el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, junto con el Hijo de Dios aparecieron los signos del Espíritu Santo y del Padre celestial.
¿Cuál es el significado de este acto, que Jesús quiso realizar -venciendo la resistencia del Bautista- para obedecer a la voluntad del Padre? (cf. Mt 3, 14-15). Su sentido profundo se manifestará sólo al final de la vida terrena de Cristo, es decir, en su muerte y resurrección. Haciéndose bautizar por Juan juntamente con los pecadores, Jesús comenzó a tomar sobre sí el peso de la culpa de toda la humanidad, como Cordero de Dios que "quita" el pecado del mundo (cf. Jn 1, 29). Obra que consumó en la cruz, cuando recibió también su "bautismo" (cf. Lc 12, 50). En efecto, al morir se "sumergió" en el amor del Padre y derramó el Espíritu Santo, para que los creyentes en él pudieran renacer de aquel manantial inagotable de vida nueva y eterna.
Toda la misión de Cristo se resume en esto: bautizarnos en el Espíritu Santo, para librarnos de la esclavitud de la muerte y "abrirnos el cielo", es decir, el acceso a la vida verdadera y plena, que será "sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría" (Spe salvi, 12).
Es lo que sucedió también a los trece niños a los cuales administré el sacramento del bautismo esta mañana en la capilla Sixtina. Invoquemos sobre ellos y sobre sus familiares la protección materna de María santísima. Y oremos por todos los cristianos, para que comprendan cada vez más el don del bautismo y se comprometan a vivirlo con coherencia, testimoniando el amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Fiesta del Bautismo del Señor
131. Con la Fiesta del Bautismo del Señor, prolongación de la Epifanía, concluye el tiempo de la Navidad y se inicia el Tiempo Ordinario. Mientras Juan bautiza a Jesús a orillas del Jordán sucede algo grandioso: los cielos se abren, se oye la voz del Padre y el Espíritu Santo desciende en forma visible sobre Jesús. Se trata de una manifestación del misterio de la Santísima Trinidad. Pero ¿por qué se produce esta visión en el momento en el que Jesús es bautizado? El homileta debe responder a esta pregunta.
132. La explicación está en la finalidad por la que Jesús va a Juan para que le bautice. Juan está predicando un bautismo de penitencia. Jesús recibe este signo de arrepentimiento junto a muchos otros que corren hacia Juan. En un primer momento, Juan intenta impedírselo pero Jesús insiste. Y esta insistencia manifiesta su intención: ser solidario con los pecadores. Quiere estar donde están ellos. Lo mismo expresa el apóstol Pablo, pero con un tipo de lenguaje diferente: «Al que no había pecado, Dios le hizo expiar por nuestros pecados» (2 Co 5, 21).
133. Y es, justamente, en este momento de intensa solidaridad con los pecadores, cuando tiene lugar la grandiosa epifanía trinitaria. La voz del Padre tronó desde el cielo, anunciando: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto». Tenemos que comprender que lo que le agrada al Padre, reside en la voluntad del Hijo de ser solidario con los pecadores. De este modo se manifiesta como Hijo de este Padre, es decir, el Padre que «tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16). En aquel preciso instante, el Espíritu aparece como una paloma, desciende sobre el Hijo, imprimiendo una especie de aprobación y de autorización a toda la escena inesperada.
134. El Espíritu que ha plasmado esta escena preparándola a lo largo de los siglos de la Historia de Israel («que habló por los profetas», como profesamos en el Credo), está presente en el homileta y en sus oyentes: abre sus mentes a una comprensión todavía más profunda de lo sucedido. El mismo Espíritu acompañó a Jesús en cada instante de su existencia terrenal, caracterizando todas sus acciones para que fueran revelación del Padre. Por tanto, podemos escuchar el texto del profeta Isaías de este día como una prolongación de las palabras del Padre en el corazón de Jesús: «Tú eres mi Hijo, el amado». Su diálogo de amor continúa: «mi elegido, a quien prefiero. Sobre Él he puesto mi espíritu. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones».
135. En el salmo responsorial de esta fiesta se escuchan las palabras del Salmo 28: «La voz del Señor está sobre las aguas». La Iglesia canta este salmo como celebración de las palabras del Padre que tenemos el privilegio de escuchar y cuya escucha marca nuestra fiesta. «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto» - esta es la «voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica» (Sal 28, 3-4).
136. Después del Bautismo, el Espíritu conduce a Jesús al desierto para ser tentado por Satanás. Sucesivamente y conducido siempre por el Espíritu, Jesús va a Galilea donde proclama el Reino de Dios. Durante su maravillosa predicación, marcada por milagros prodigiosos, Jesús afirma en una ocasión: «Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!» (Lc 12, 50). Con estas palabras se refería a su próxima muerte en Jerusalén. De este modo comprendemos cómo el Bautismo de Jesús por parte de Juan Bautista no fue el definitivo sino una acción simbólica de lo que se habría cumplir en el Bautismo de su agonía y muerte en la Cruz. Porque es en la Cruz donde Jesús se revela a sí mismo, no en términos simbólicos, sino concretamente y en completa solidaridad con los pecadores. Es en la Cruz donde «Dios lo hizo expiar por nuestros pecados» (2Co 5, 21) y donde «nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito» (Ga 3, 13). Es allí donde desciende al caos de las aguas de ultratumba, y lava para siempre nuestros pecados. Pero por la Cruz y la Muerte, Jesús es también liberado de las aguas, llamado a la Resurrección por la voz del Padre que dice: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado. Yo seré para él un padre y el será para mí un hijo» (Hb 1, 5). Esta escena de muerte y resurrección es una obra de arte escrita y dirigida por el Espíritu. La voz del Señor sobre las grandes aguas de la muerte, con fuerza y poder, saca a su Hijo de la muerte. «La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica».
137. El Bautismo de Jesús es modelo también para el nuestro. En el Bautismo descendemos con Cristo a las aguas de la muerte, donde son lavados nuestros pecados. Y después de habernos sumergido con Él, con Él salimos de las aguas y oímos, fuerte y potente, la voz del Padre que, dirigida también a nosotros en lo profundo de nuestros corazones, pronuncia un nombre nuevo para cada uno de nosotros: «¡Amado! Mi predilecto». Sentimos este nombre como nuestro, no en virtud de las buenas obras que hemos realizado, sino porque Cristo, en su amor sin límites, ha deseado intensamente compartir con nosotros su relación con el Padre.
138. La Eucaristía celebrada en esta Fiesta propone de nuevo, en cierto modo, los mismos acontecimientos. El Espíritu desciende sobre los dones del pan y del vino ofrecido por los fieles. Las palabras de Jesús: «Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre», anuncian su intención de recibir el Bautismo de muerte para nuestra Salvación. Y la asamblea reza, el «Padre nuestro» junto con el Hijo, porque con Él siente dirigida a sí misma la voz del Padre que llama «amado» al Hijo.
139. En una ocasión, a lo largo de su ministerio, Jesús dijo: «el que cree en mí, como dice la Escritura: "De su seno brotarán manantiales de agua viva"». Aquellas aguas vivas han comenzado a brotar en nosotros con el Bautismo, y se transforman en un río siempre más caudaloso en cada celebración de la Eucaristía.

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
70. Oremos a Dios Padre, que en el bautismo nos reconoció como hijos amados suyos.
- Para que todos los bautizados en Cristo, amados y elegidos de Dios, ungidos por el Espíritu Santo, pasemos, como Cristo, haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. Roguemos al Señor.
- Para que los padres cristianos, al presentar a sus hijos para el bautismo, sean conscientes de su responsabilidad de transmitirles la vivencia de su fe. Roguemos al Señor.
- Para que los niños experimenten el cariño y la alegría, y crezcan de tal manera como verdadera esperanza del mundo. Roguemos al Señor.
- Para que a los que viven sin una luz que les guíe, nosotros sepamos darles el gesto, la palabra que les ayude eficazmente. Roguemos al Señor.
- Para que en nuestros trabajos, quehaceres, obligaciones, cargos, imitemos a Cristo, que no vino a ser servido, sino a servir. Roguemos al Señor.
Dios, Padre nuestro, en la persona de tu Hijo amado nos has revelado a tu servidor, enviado tuyo al mundo para liberarnos e iluminarnos; escucha las súplicas de tus hijos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, los dones que te presentamos en este día en que manifestaste a tu Hijo predilecto, y haz que estas ofrendas de tu pueblo se conviertan en aquel sacrificio con el que Cristo purificó el pecado del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe múnera, Dómine, in dilécti Fílii tui revelatióne deláta, ut fidélium tuórum oblátio in eius sacrifícium tránseat, qui mundi vóluit peccáta miserátus ablúere. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Prefacio.
En verdad es justo y necesario, nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio: De Baptismate Domini.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui miris signásti mystériis novum in Iordáne lavácrum, ut, per vocem de caelo delápsam, habitáre Verbum tuum inter hómines crederétur; et, per Spíritum in colúmbae spécie descendéntem, Christus Servus tuus óleo perúngi laetítiae ac mitti ad evangelizándum paupéribus noscerétur.
Et ídeo cum caelórum virtútibus in terris te iúgiter celebrámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Jn 1, 32. 34
Este es quien decía Juan: Yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Antiphona ad communionem Jn 1, 32. 34
Ecce de quo dicébat Ioánnes: Ego vidi et testimónium perhíbui, quia hic est Fílius Dei.
Oración después de la comunión
Alimentados con estos dones santos te pedimos, Señor, humildemente que escuchemos con fe la palabra de tu Hijo para que podamos llamarnos y ser de verdad hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Sacro múnere satiáti, cleméntiam tuam, Dómine, supplíciter exorámus, ut, Unigénitum tuum fidéliter audiéntes, fílii tui vere nominémur et simus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 9 de enero

1. En la ciudad de Ancona, en el Piceno (hoy Italia), san Marcelino, obispo, que, según escribió el papa san Gregorio I Magno, por gracia de Dios libró a la ciudad de un incendio (s. VI).
2*. En la ciudad de Canterbury, en Inglaterra, san Adriano, abad, el cual, nacido en África, llegó a Inglaterra desde la ciudad de Nápoles, de la Campania, y muy preparado en ciencias eclesiásticas y civiles, educó egregiamente a gran número de discípulos (710).
3*. En Escocia, san Felano, abad del monasterio de San Andrés, notable por su vida austera y por haber vivido en la soledad (c. 710).
4*. En el monte Olimpo, en Bitinia (hoy Turquía), san Eustracio, apellidado “Taumaturgo”, abad del monasterio de Abgaro (s. IX).
5*. En Thénézay, en la región de Poitiers, en Aquitania (hoy Francia), san Honorato de Buzançais, que, siendo tratante de ganado, repartía su dinero entre los pobres y fue asesinado por unos ladrones a los que reprendía (1250).
6*. En Certaldo, lugar de la Toscana (hoy Italia), beata Julia de la Rena, de la Tercera Orden de San Agustín, que permaneció encerrada en una pequeña celda junto a la iglesia, en la que vivió sólo para Dios (1367).
7*. En Ancona, en la región del Piceno (hoy Italia), beato Antonio Fatati, obispo, que en todas las misiones que le encomendaron los Romanos Pontífices se mostró prudente y ecuánime, austero para sí y generoso para con los pobres y necesitados (1484).
8*. En la ciudad de Nancy, en Francia, beata María Teresa de Jesús (Alexia) Le Clerc, virgen, que, junto con san Pedro Fourier, fundó la Congregación de Canonesas Regulares de Nuestra Señora, bajo la Regla de san Agustín, para la educación de las jóvenes (1622).
9. En Seúl, ciudad de Corea, santas mártires Agata Yi, virgen, cuyos padres murieron también mártires, y Teresa Kim, viuda, que, estando en la cárcel, primero fueron azotadas y después degolladas (1840).
10*. En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beatos José Pawlowski y Casimiro Grelewski, presbíteros y mártires, que al ser invadida Polonia durante la guerra fueron deportados, y consumaron su martirio en la horca (1942).
11. En la ciudad de Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, memoria de santa Lucrecia, virgen y mártir, bautizada por san Eulogio, presbítero y mártir (859).

sábado, 3 de diciembre de 2016

Sábado 7 enero 2017, Sábado de la II semana de Navidad o san Raimundo de Peñafort, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

Beato Pablo VI. Carta Apostólica en forma de Motu proprio "Ministeria Quaedam"

VI. El Acólito queda instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el ser-vicio del altar, asistir al diácono y al sacerdote en las funciones litúrgicas, principalmente en la celebración de la Misa; además distribuir, como ministro extraordinario, la Sagrada Comunión cuando faltan los ministros de que habla el c. 845 del C. I. C. o están imposibilitados por enfermedad, avanzada edad o ministerio pastoral, o también cuando el número de fieles que se acerca a la Sagrada Mesa es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa. En las mismas circunstancias especiales se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero no que bendiga al pueblo. Podrá también -cuando sea necesario- cuidar de la instrucción de los demás fieles, que por encargo temporal ayudan al sacerdote o al diácono en los actos litúrgicos llevando el misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras funciones semejantes. Todas estas funciones las ejercerá más dignamente participando con piedad cada día más ardiente en la Sagrada Eucaristía, alimentándose de ella y adquiriendo un más profundo conocimiento de la misma.

El Acólito, destinado de modo particular al servicio del altar, aprenda todo aquello que pertenece al culto público divino y trate de captar su sentido íntimo y espiritual; de forma que se ofrezca diariamente a sí mismo a Dios, siendo para todos un ejemplo de seriedad y devoción en el templo sagrado y además, con sincero amor, se sienta cercano al Cuerpo Místico de Cristo o Pueblo de Dios, especialmente a los necesitados y enfermos.

VII. La institución de Lector y de Acólito, según la venerable tradición de la Iglesia, se reserva a los varones.

VIII. Para que alguien pueda ser admitido a estos ministerios se requiere:

a) petición libremente escrita y firmada por el aspirante, que ha de ser presentada al Ordinario (al Obispo y, en los Institutos clericales de perfección, al Superior Mayor) a quien corresponde la aceptación;

b) edad conveniente y dotes peculiares, que deben ser determinadas por la Conferencia Episcopal;

c) firme voluntad de servir fielmente a Dios y al pueblo cristiano.

CALENDARIO

7 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA II SEMANA DE NAVIDAD o SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT, presbítero, m. libre

Misa
de sábado o de la memoria (blanco).
MISAL: para la feria: ants. y oracs. props. / para la memoria: 1ª orac. prop. y el resto de la feria o del común de pastores (para un pastor); Pf. Epif. o Nav. o de la memoria.
LECC.: vol. II.
- 1 Jn 3, 22-4, 6. Examinad si los espíritus vienen de Dios.
- Sal 2. R. Te daré en herencia las naciones.
- Mt 4, 12-17. 23-25. Está cerca el reino de los cielos.
o bien: cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de sábado-7 de enero o de la memoria.

Martirologio: elog. prop. de la fiesta del Bautismo del Señor, pág. 43 y elogs. del 8 de enero, pág. 99.
CALENDARIOS: Cataluña y Dominicos: San Raimundo de Peñafort, presbítero (MO).
Segorbe, Sevilla y Trinitarios: San Juan de Ribera, obispo (MO).
Paúles e Hijas de la Caridad: Beata Lindalva Justo de Oliveira, virgen y mártir (ML).

7 SÁBADO. Después de la hora nona:
Misa
vespertina de la fiesta del Bautismo del Señor (blanco).
Liturgia de las Horas: I Vísp. de la fiesta. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

En la Prelatura del Opus Dei se puede celebrar la misa por el obispo.

FERIAS DEL TIEMPO DE NAVIDAD
Desde el 2 de enero, hasta el sábado anterior a la fiesta del Bautismo del Señor.
Sábado.
IN FERIIS TEMPORIS NATIVITATIS
a die 2 ianuarii usque ad sabbatum ante festum Baptismatis Domini.
Sabbato.
Antífona de entrada Gal 4, 4-5
Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, para que recibiéramos la adopción filial.
Antiphona ad introitum Ga 4, 4-5
Misit Deus Fílium suum, factum ex mulíere, ut adoptiónem filiórum reciperémus.
Oración colecta
Después de la solemnidad de Epifanía
Dios todopoderoso y eterno, que por tu Unigénito nos hiciste para ti nuevas criaturas, concédenos, por tu gracia, ser semejantes a aquel, en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Post sollemnitatem Epiphaniae
Omnípotens sempitérne Deus, qui per Unigénitum tuum novam creatúram nos tibi esse fecísti, praesta, quaesumus, ut per grátiam tuam in illíus inveniámur forma, in quo tecum est nostra substántia. Qui tecum.

O bien en la memoria:
Elogio del martirologio
San Raimundo de Peñafort, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la Penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones y, tras llegar a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España. (1275)

Oración colecta propia. El resto de la feria de Navidad.

7 de enero
San Raimundo de Peñafort, presbítero
Die 7 ianuarii
S. Raimundi de Penyafort, presbyteri
Oración colecta
Oh Dios, que diste a san Raimundo de Peñafort una entrañable misericordia para con los cautivos y los pecadores; concédenos por su intercesión que, rotas las cadenas del pecado, nos sintamos libres para cumplir tu divina voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui beátum Raimúndum presbyterum insígnis in peccatóres et in captívos misericórdiae virtúte decorásti, eius nobis intercessióne concéde, ut, a peccáti servitúte solúti, quae tibi sunt plácita líberis méntibus exsequámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del 7 de enero, feria de Navidad, después de Epifanía (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA 1 Jn 3, 22-4, 6
Examinad si los espíritus vienen de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Queridos hermanos:
Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Queridos míos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
En esto podréis conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en
el mundo.
Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios.
Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha.
En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 2, 7-8. 10-12a (R.: 8b)
R.
Te daré en herencia las naciones. Dabo tibi gentes hereditátem tuam.

V. Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra». R.
Te daré en herencia las naciones. Dabo tibi gentes hereditátem tuam.

V. Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R.
Te daré en herencia las naciones. Dabo tibi gentes hereditátem tuam.

Aleluya Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. R. Prædicábat Iesus Evangélium regni, et sanábat omnem infirmitátem in pópulo.

EVANGELIO Mt 4, 12-17. 23-25
Está cerca el reino de los cielos

Lectura del santo Evangelio según San Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Ángelus 29 de enero de 2008
La "buena nueva" que Jesús proclama se resume en estas palabras: "El reino de Dios -o reino de los cielos- está cerca" (Mt 4, 17; Mc 1, 15). ¿Qué significa esta expresión? Ciertamente, no indica un reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo; anuncia que Dios es quien reina, que Dios es el Señor, y que su señorío está presente, es actual, se está realizando.
Por tanto, la novedad del mensaje de Cristo es que en él Dios se ha hecho cercano, que ya reina en medio de nosotros, como lo demuestran los milagros y las curaciones que realiza. 

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo de Navidad después de Epifanía I
66. Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que ha manifestado a los pueblos su poder, a las naciones su salvación y a nosotros la radiante luz de su nacimiento.
- Para que la santa Iglesia de Dios alcance la tan deseada unidad, reciba con abundancia los frutos del Espíritu y, llena de gozo, paz y amor, revele a todos los hombres la salvación de Dios. Roguemos al Señor.
- Para que los hombres de todas las religiones y de todos los pueblos lleguen a conocer a Cristo y encuentren la plenitud de la verdad en él. Roguemos al Señor.
- Para que Cristo, que ha venido a salvarnos a todos, dé la salud a los enfermos, consuelo a los que lloran, justicia y libertad a los oprimidos y perdón a los pecadores. Roguemos al Señor.
- Para que el Señor, con su manifestación, nos confirme en la verdad, nos revele lo que ignoramos, afiance lo que conocemos y supla los que nos falta. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno: humildemente te pedimos que escuches nuestras oraciones para que tu luz radiante habite siempre en nosotros y se manifieste también a todos los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Oh, Dios, autor de la piedad sincera y de la paz, te pedimos que con esta ofrenda veneremos dignamente tu grandeza y nuestra unión se haga más fuerte por la participación en este sagrado misterio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Deus, auctor sincérae devotiónis et pacis, da, quaesumus, ut et maiestátem tuam conveniénter hoc múnere venerémur, et sacri participatióne mystérii fidéliter sénsibus uniámur. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de comunión Jn 1, 16
De su plenitud hemos recibido gracia tras gracia.
Antiphona ad communionem Jn 1, 16
De plenitúdine eius nos omnes accépimus, et grátiam pro grátia.
Oración después de la comunión
Que tu pueblo, Señor, dirigido por tu abundante ayuda, reciba los auxilios presentes y futuros de tu amor, para que, sostenido por el consuelo necesario de las cosas temporales, aspire con más confianza a los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Divérsis plebs tua, Dómine, gubernáta subsídiis, et praeséntia pietátis tuae remédia cápiat et futúra, ut, transeúntium rerum necessária consolatióne fovénte, fiduciálius ad aetérna conténdat. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogio propio de la fiesta del Bautismo del Señor.
F
iesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre es purificado y se alegra toda la tierra.
Elogios del día 8 de enero
1. En la ciudad de Hierápolis, en Frigia (hoy Turquía), san Apolinar, varón eximio por su doctrina y santidad, que vivió en tiempo del emperador Marco Aurelio (s. II).
2. En la provincia romana de Lybia (hoy Libia), santos mártires Teófilo, diácono, y Eladio, que, después de ser torturados con cascos puntiagudos, fueron quemados vivos (s. III).
3. En Beauvais, ciudad de la Galia Bélgica (hoy Francia), santos Luciano, Maximiano y Juliano, mártires (c. 290).
4. En la ciudad de Metz, también en la Galia Bélgica (hoy Francia), san Paciente, obispo (s. IV).
5. En la antigua provincia romana de Nórico (hoy Alemania), en las riberas del Danubio, san Severino, presbítero y monje, que llegado a esta región después de la muerte de Atila, príncipe de los hunos, defendió a los pueblos inermes, aplacó a los violentos, convirtió a los infieles, fundó monasterios e impartió instrucción religiosa a los que la necesitaban (c. 482).
6. En la ciudad de Pavía, en la Liguria (hoy Italia), san Máximo, obispo (c. 514).
7*. En el monasterio de Choziba, en Palestina, san Jorge, monje y eremita, que pasaba toda la semana recluido en su celda, pero el domingo oraba con los hermanos y departía con ellos sobre temas espirituales (c. 614).
8*. En la región de Aberdeen, en Escocia, san Natalán, obispo, insigne por su caridad hacia los pobres (c. 678).
9. En Ratisbona, ciudad de Baviera (hoy Alemania), san Erhardo, oriundo de Escocia, que, deseoso de anunciar el Evangelio, llegó a aquella región y ejerció la función episcopal (707).
10*. En Moorsel, en la región de Brabante (hoy Bélgica), santa Gúdula, virgen, que desde su casa se dedicó enteramente a practicar la caridad y la oración (c. 712).
11*. En la ciudad de Cashel, en Irlanda, san Alberto, obispo, de origen inglés, que peregrinó durante largo tiempo (c. s. VIII).
12. En la ciudad de Venecia (hoy Italia), san Lorenzo Giustiniani, obispo, que ilustró a esta Iglesia con su doctrina de sabiduría eterna (1456).
13*. En Newcastle upon Tyne, en Inglaterra, beato Eduardo Waterson, presbítero y mártir, el cual, condenado a muerte por haber entrado en el país como sacerdote, fue ahorcado en tiempo de la reina Isabel I (1593).

La entrega de los moribundos a Dios (Recomendación del alma).

Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos (6ª ed. española 1996)

CAPÍTULO VI. LA ENTREGA DE LOS MORIBUNDOS A DIOS
(Recomendación del alma)

234. La caridad hacia el prójimo urge a los cristianos a que expresen la comunión con los hermanos que van a morir, implo­rando con ellos y por ellos la misericordia de Dios y la confianza en Cristo.

235. Las oraciones, letanías, jaculatorias, lecturas bíblicas y los salmos que se incluyen en este capítulo para encomendar el alma a Dios tienen como primordial finalidad que el mori­bundo, si todavía tiene conocimiento, imitando a Crito dolorido y moribundo que, al morir, destruyó nuestra muerte, supere con su poder la innata ansiedad de la muerte y la acepte con la espe­ranza de la vida celestial y de la resurrección.

Los presentes, aunque el moribundo haya perdido el conoci­miento, encontrarán en estas plegarias una fuente de consuelo al descubrir el sentido pascual de la muerte cristiana. Con frecuen­cia será conveniente subrayar este sentido con un signo visible, haciendo la señal de la cruz sobre la frente del moribundo, donde fue marcado por vez primera en el bautismo.

236. Las preces y lecturas que siguen, más otras que pueden añadirse, deben ser elegidas en función del estado espiritual y corporal del enfermo y teniendo en cuenta todas las circunstancias del lugar y de las personas. Hágase todo con voz lenta y suave e intercalando momentos de silencio. En muchos casos, convendría recitar con el enfermo alguna jaculatoria, repitién­dola, quizá, varias veces, con suavidad.

237. Inmediatamente después de que el enfermo haya expi­rado, conviene que todos se pongan de rodillas y el sacerdote, el diácono, si están presentes, o uno de los presentes dice la ora­ción que se indica más adelante en el n. 247.

238. Los sacerdotes y diáconos procuren, en cuanto pue­dan, asistir personalmente a los m oribundos en compañía de sus familiares, y recitar las preces de la recomendación del alma y de la expiración; con su presencia aparecerá con mayor claridad que el cristiano muere en comunión con la Iglesia. Cuando, de­bido a sus graves oficios pastorales, no puedan hacerse presen­tes, no plvides de prevenir a los seglares para que asistan a los moribundos y reciten con ellos las oraciones que aquí se indican u otras parecidas; para ello, convendrá que los seglares dispon­gan de los textos convenientes.

239. Fórmulas breves

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? (Rm 8, 35)
En la vida y en la muerte somos del Señor (Rm 14, 8)
Tenemos una casa que tiene una duración eterna en los cielos (2 Co 5, 1)
Estaremos siempre con el Señor (1 Ts 4, 17)
Veremos a Dios tal cual es (1 Jn 3, 2)
Hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos (1 Jn 3,14)
A ti, Señor, levanto mi alma (Sal 24,1)
El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26, 1)
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida (Sal 26,13)
Mi alma tiene sed del Dios vivo (Sal 41 ,3 )
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo (Sal 22. 4)
Venid vosotros, benditos de mi Padre, dice el Señor Jesús, heredad el reino preparado para vosotros (Mt 25, 34)
Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso, dice el Señor Jesús (Le 23, 43)
En la casa de mi Padre hay muchas estancias, dice el Señor Jesús (Jn 14, 2)
Dice el Señor Jesús: Voy a prepararos sitio y os llevaré conmigo(Jn 14, 2-3)
Este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, dice el Señor Jesús(Jn 17, 24)
Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna (Jn 6, 40)
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu (Sal 30, 6a)
Señor Jesús, recibe mi espíritu (Hch 7, 59)
Santa María, ruega por mí.
San José, ruega por mí
Jesús, José y María, asistidme en mi agonía.

240. Lecturas bíblicas

Pueden tomarse de las que se indican en los nn. 260 y ss.

241. Si el moribundo pudiera soportar una plegaria más larga, en aconsejable que, según las circunstancias, los presentes recen por él recitando las letanías de los santos (o algunas de sus invocaciones) con la respuesta «ruega por él», haciendo especial mención del santo o de los santos patronos del moribundo o de la familia. Pueden también recitarse algunas de las oraciones más conocidas.

Cuando parece que se acerca el momento de la muerte, al­guien puede decir, según las disposiciones cristianas del mori­bundo, una o varias de estas oraciones:

242. Oraciones

Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió.

Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con San José y todos los ánge­les y santos.

243. Querido hermano, te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Ha­cedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y to­dos los ángeles y santos.

Que Cristo, que sufrió muerte de cruz por ti, te conceda la libertad verdadera. Que Cristo, Hijo de Dios vivo, te aloje en su paraíso. Que Cristo, buen Pastor, te cuente entre sus ovejas. Que te perdone todos los pecados y te agregue al número de sus ele­gidos. Que puedas contemplar cara a cara a tu Re­dentor y gozar de la visión de Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

244. Acoge, Señor, en tu reino a tu siervo para que alcance la salvación, que espera de tu misericordia.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo de todos sus su­frimientos.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Noé del diluvio.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Abrahán del país de los caldeos.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Job de sus padecimientos.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Moisés del poder del faraón.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Daniel de la fosa de los leones.
R. Amén.

— Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a los tres jóvenes del horno ardiente y del poder del rey inicuo.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu sierV. vo, como libraste a Susana de la falsa acusación.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a David del rey Saúl y de las manos de Go­liat.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, como libraste a Pedro y Pablo de la cárcel.
R. Amén.

Libra, Señor, a tu siervo, por Jesús, nues­tro Salvador, que por nosotros sufrió muerte cruel y nos obtuvo la vida eterna.
R. Amén.

245. Señor Jesús, Salvador del mundo, te enco­mendamos a N. y te rogamos que lo recibas en el gozo de tu reino, pues por él bajaste a la tierra. Y aunque haya pecado en esta vida, nunca negó al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, sino que pcrmanceció en la fe y adoró fielmente al Dios que hizo todas las cosas.

246. Puede también decirse o cantarse esta antífona:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspi­ramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a noso­tros esos tus ojos misericordiosos, y, después de este
destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen Ma­ría!

247. Después de que haya expirado, dígase:

R. Venid en su ayuda, santos de Dios; salid a su en­cuentro, ángeles del Señor. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.

V. Cristo, que te llamó, te reciba, y los ángeles te conduzcan al regazo de Abrahán.

R. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.

V. Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para él la luz perpetua. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.

Oremos. Te pedimos, Señor, que tu siervo N., muerto ya para este mundo, viva para ti, y que tu
amor misericordioso borre los pecados que cometió por fragilidad humana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

U otra fórmula del Ritual de exequias.