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Domingo 5 junio 2016, X Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

martes, 31 de mayo de 2016

Martes 5 julio 2016, San Antonio María Zaccaría, presbítero, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

CAPÍTULO II. VISITA PASTORAL

1177. Al cumplir el Obispo su ministerio de visitar las parroquias o comunidades locales de su diócesis, no aparezca como quien ejecuta una tarea puramente administrativa, sino que sea reconocido con claridad por los fieles como el pregonero del Evangelio, maestro, pastor y gran sacerdote de su grey.

1178. Para que esto se obtenga más eficazmente, en cuanto sea posible, hágase la visita del Obispo en aquellos días en que los fieles puedan asistir en mayor número.
Los fieles, además, deben ser preparados por los presbíteros con la debida anticipación mediante una adecuada catequesis.
La visita debe ser suficientemente prolongada para que el Obispo pueda discernir, promover, fomentar y dirigir una acción mancomunada del apostolado de los presbíteros, de los laicos y las obras de caridad, y también pueda presidir las celebraciones litúrgicas.

1179. El Obispo revestido con las vestiduras descritas en el n. 63 es conveniente que sea recibido, según las circunstancias y las características de los lugares.
Si parece conveniente el clero y el pueblo lo recibirá y saludará solemnemente a la puerta de la iglesia o en la iglesia misma.
Donde pueda hacerse, y se crea conveniente, condúzcase al Obispo a la iglesia con canto festivo.
La sobria solemnidad de la recepción del Obispo sea signo de amor y de devoción del pueblo fiel hacia el buen pastor.

1180. El Obispo es recibido a la puerta de la iglesia por el párroco, revestido con capa pluvial.
Este le ofrece la imagen del Crucifijo para que la bese y en seguida le da el aspersorio con agua bendita, con la cual el Obispo se asperja a sí mismo y a los presentes.
En seguida el Obispo, después de una breve oración en silencio delante del Santísimo Sacramento, se acerca al presbiterio, donde el párroco, de pie ante el altar, invita a los fieles a orar por el Obispo y, después de terminada una breve oración en silencio, dice la oración colecta: Dios nuestro, Pastor eterno, o: Dios nuestro, Pastor y guía de todos los fieles, como se encuentra en el Misal (2).
En seguida el Obispo saluda al pueblo y expone su plan durante el tiempo de la visita, y finalmente dice la oración del Título de la iglesia, o del Patrono del lugar y bendice al pueblo como de ordinario.
El párroco despide al pueblo.

1181. Pero cuando sigue la Misa, inmediatamente después de la oración por el Obispo, el Obispo mismo, en la sede, reviste las vestiduras litúrgicas para la Misa que concelebrarán con el Obispo los presbíteros de la parroquia que tienen cura de almas, o que viven en su territorio, y en la Misa los fieles participarán activamente; esto se ha de procurar principalmente en las regiones más apartadas de la diócesis, en las cuales sus habitantes raramente o nunca pueden participar en la Misa estacional del Obispo en su parroquia.

1182. Para que aparezca más claramente a los fieles que el Obispo es el principal dispensador de los misterios de Dios, así como el guía y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia a él encomendada, es de desear que dentro de la visita pastoral no sólo celebre el sacramento de la Confirmación, sino que alguna vez celebre otros sacramentos, especialmente en la visita a los enfermos.

1183. Si la visita se prolonga, hágase en la iglesia alguna celebración de la Liturgia de las Horas o celebración de la Palabra de Dios con homilía del Obispo y preces por la Iglesia, tanto universal como diocesana.

1184. Si se cree conveniente el Obispo visite el cementerio acompañado por el pueblo, y allí ore por los fieles difuntos, observando lo que se dice acerca de la aspersión de los sepulcros en los nn. 399ss.

(2) Cf. Misal Romano, Misas por varias necesidades, 3. Por el Obispo, A.

CALENDARIO

5 MARTES DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria o SAN ANTONIO MARÍA ZACCARÍA, presbítero, m. libre

Misa
de feria (verde) o de la memoria (blanco).
ve bl MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común o de un domingo del T. O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Os 8, 4-7. 11-13. Siembran viento y cosechan tempestades.
- Sal 113B. R. Israel confía en el Señor.
- Mt 9, 32-38. La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos.
o bien: cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 6 de julio, pág. 400.
CALENDARIOS: Bernabitas y HH. Angélicas de San Pablo: San Antonio María Zaccaría, presbítero (S).
Vic-ciudad: San Miguel de los Santos, presbítero (S). Vic-diócesis y Valladolid: (MO).
Bilbao: San Antonio María Zaccaría, presbítero (ML) o Santa Isabel de Portugal (ML-trasladada).
Almería: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Adolfo González Montes, obispo (1997).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
San Antonio María Zaccaria, presbítero, fundador de la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo o «Barnabitas», para renovar las costumbres de los fieles cristianos, y que en Cremona, en la región italiana de Lombardía, voló al encuentro del Salvador. (1539)

Oración colecta propia, resto común de Pastores 5. Pastores.

5 de julio
San Antonio María Zacarías, presbítero
Die 5 iulii
S. Antonii Mariæ Zaccaria, presbyteri
Antífona de entrada Lc 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para vendar los corazones desgarrados.
Antiphona ad introitum Cf. Lc 4, 18
Spíritus Dómini super me: propter quod unxit me, evangelizáre paupéribus misit me, sanáre contrítos corde.
Oración colecta
Concédenos, Señor, crecer, según el espíritu de san Pablo, apóstol, en el conocimiento incomparable de tu Hijo Jesucristo, que impulsó a san Antonio María Zacarías a proclamar en tu Iglesia la palabra de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Da nobis, Dómine, ut supereminéntem Iesu Christi sciéntiam spíritu Pauli apóstoli prosequámur, qua beátus Antónius María erudítus verbum salútis in Ecclésia tua iúgiter praedicávit. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la XIV semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Os 8, 4-7. 11. 13
Siembran viento, cosecharán tempestades

Lectura de la profecía de Oseas.

Esto dice el Señor:
«Han constituido reyes en Israel, sin contar conmigo,
autoridades, y yo no sabía nada.
Con su plata y con su oro
se hicieron ídolos para establecer pactos.
¡Tu becerro te ha rechazado, Samaría!
Mi ira se inflamó contra ellos.
¿Hasta cuándo serán culpables
de la suerte de Israel?
¡Un artesano lo ha hecho,
pero eso no es un Dios!
Sí, terminará hecho pedazos
el becerro de Samaría.
Puesto que siembran viento,
cosecharán tempestades;
“espiga sin brote no produce harina”.
Tal vez la produzca,
pero la devorarán extranjeros.
Efraín multiplicó los altares de pecado,
y fueron para él altares de pecado.
Para él escribo todos mis preceptos,
son considerados cosa de otros.
Sacrificios de carne asada!
Sacrificaron la carne y se la comieron.
El Señor no los acepta.
Tiene presente su perversión
y castiga sus pecados:
deberán retornar a Egipto».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 113 B, 3-4. 5-6. 7ab-8. 9-10 (R.: 9a)
R.
Israel confía en el Señor. Domus Israel sperávit in Dómino
O bien: Aleluya.

V. Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R.
Israel confía en el Señor. Domus Israel sperávit in Dómino

V. Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen. R.
Israel confía en el Señor. Domus Israel sperávit in Dómino

V. Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos. R.
Israel confía en el Señor. Domus Israel sperávit in Dómino

V. Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo. R.
Israel confía en el Señor. Domus Israel sperávit in Dómino

Aleluya Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Yo soy el buen Pastor -dice el Señor-, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen.
Ego sum pastor bonus, dicit Dóminus; et cognósco oves meas, et cognóscunt me meæ.

EVANGELIO Mt 9, 32-38
La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos
Lectura del santo evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada:
«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían:
«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, A los participantes en la asamblea diocesana de Roma, 16-junio-2014
Debemos tener el corazón de Jesús, quien "al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor" (Mt 9, 36). Al ver a las muchedumbres, sintió compasión. A mí me gusta soñar una Iglesia que viva la compasión de Jesús. Compasión es "padecer con", sentir lo que sienten los demás, acompañar en los sentimientos. Es la Iglesia madre, como una madre que acaricia a sus hijos con la compasión. Una Iglesia que tenga un corazón sin confines, pero no sólo el corazón: también la mirada, la dulzura de la mirada de Jesús, que a menudo es mucho más elocuente que tantas palabras. Las personas esperan encontrar en nosotros la mirada de Jesús, a veces sin ni siquiera saberlo, esa mirada serena, feliz, que entra en el corazón. 

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VII
295. Oremos al Señor, Dios de nuestros padres, para que nos escuche y tenga piedad de nosotros.
- Por la unidad y la libertad de la santa Iglesia católica y apostólica. Roguemos al Señor.
- Por la vida, el ministerio y la salud de nuestro Padre el papa N. y de nuestro obispo N., y por el pueblo y el clero que ama a Cristo. Roguemos al Señor.
- Por la paz y el progreso de las naciones. Roguemos al Señor.
- Por el perdón de nuestros pecados y la liberación de toda violencia, división y peligro. Roguemos al Señor.
- Por esta comunidad, congregada en el nombre de Jesucristo, y por cuantos no han podido venir a esta celebración. Roguemos al Señor.
Te pedimos, Dios de bondad, que escuches nuestras oraciones y derrames sobre nosotros la abundancia de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Dios todopoderoso, humildemente imploramos de tu Divina Majestad que estos dones, que ofrecemos en honor de tus santos y que testimonian tu poder y tu gloria, le alcancen a tu pueblo los frutos de la eterna salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Maiestátem tuam supplíciter implorámus, omnípotens Deus, ut, sicut glóriam divínae poténtiae múnera pro beáto N. obláta testántur, sic nobis efféctum tuae salvatiónis impéndant. Per Christum.
PREFACIO COMÚN IV
Nuestra misma acción de gracias es un don de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación, por Cristo, Señor nuestro.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO COMMUNIS IV
De laude, dono Dei
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia, cum nostra laude non égeas, tuum tamen est donum quod tibi grates rependámus, nam te non augent nostra praecónia, sed nobis profíciunt ad salútem, per Christum Dóminum nostrum.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de comunión Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo -dice el Señor.
Antiphona ad communionem Mt 28, 20
Ecce ego vobíscum sum ómnibus diébus usque ad consummatiónem saeculi, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Fortalecidos con el pan de la vida, te pedimos, Señor, que a ejemplo de san N. podamos servirte con entrega absoluta y amar a nuestros hermanos con amor incansable. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Sumpta mystéria, quaesumus, Dómine, aetérnis nos praeparent gáudiis, quae beátus N. fidéli dispensatióne proméruit. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 6 de julio
S
anta María Goretti
, virgen y mártir, que en una época infantil dura, donde se vio en la necesidad de ayudar a su madre en las labores de la casa, distinguiéndose ya por su piedad, cuando no contaba más que doce años murió en defensa de su castidad a causa de las heridas que le produjo con un punzón un joven que intentaba violarla cuando estaba sola en su casa, cercana a la localidad de Nettuno, en el Lacio, de Italia (1902).
2*. En Nicomedia, de Bitinia, santa Ciriaca, virgen, mártir en tiempo del emperador Diocleciano, que es venerada en la ciudad de Tropea, en Calabria (s. IV).
3. En Fiésole, en la Toscana, san Rómulo, diácono, a quien esta ciudad celebra como su primer mártir (s. inc.).
4*. En Egipto, san Sísoes, de sobrenombre “Magno”, ermitaño, muy célebre por la perfección con que practicó la vida monástica (c. 429).
5*. En Escocia, conmemoración de san Paladio, obispo, el cual, enviado desde la ciudad de Roma a Irlanda, murió en ese país cuando san Germán de Auxerre luchaba en Inglaterra contra la herejía de Pelagio (432).
6*. En la región de Armagh, en Irlanda, santa Monena, abadesa del monasterio de Killeevy, que ella misma había fundado (517).
7*. En la región de Condat, en el Jura, de Burgundia, san Justo, monje (s. VI).
8. En la orilla del Rin, san Goar, presbítero, quien, oriundo de Aquitania, con la aprobación del obispo de Tréveris construyó un hospital y un oratorio, para recibir a los peregrinos y procurar la salvación de sus almas (s. VI).
9. En Londres, en Inglaterra, martirio de santo Tomás Moro, que es conmemorado, junto con san Juan Fisher, el veintidós de junio (1535).
10*. En Londres también, beato Tomás Alfield, presbítero y mártir, que al ser torturado abjuró de la fe católica y, pese a ello, fue expulsado de Inglaterra, pero después, arrepentido, volvió a ese país y, reinando Isabel I, fue ahorcado en el patíbulo de Tyburn por haber divulgado una Apología en favor de los católicos (1585).
11*. Frente a la costa de Rochefort, en Francia, beato Agustín José (Elías) Desgardin, monje cisterciense y mártir, el cual, durante la Revolución Francesa, por odio a la religión fue sacado de su monasterio de Sept-Fonts y encerrado en una vieja nave, en la que se entregó al cuidado de sus compañeros enfermos, muriendo al enfermar también él (1794).
12*. En Orange, también en Francia, beata Susana Águeda (María Rosa) de Loye, virgen de la Orden de San Benito y mártir, que recluida en una cárcel, durante la Revolución Francesa, junto con otras treinta y dos monjas de distintas órdenes y comunidades religiosas, perseveró fiel a su vocación monástica, siendo condenada ella la primera a muerte por odio al nombre cristiano, y subiendo impávida al patíbulo (1794).
13. En Shuangzhong, cerca de Jixian, en la provincia de Hebei, en China, san Pedro Wang Zuolong, mártir, que en la persecución llevada a cabo por los seguidores del movimiento Yihetuan, fue ahorcado por negarse a dar culto a los ídolos y a abjurar de la fe cristiana (1900).
14*. En Roma, beata María Teresa Ledochowska, virgen, que se entregó totalmente al cuidado de los africanos oprimidos y fundó el Instituto de San Pedro Claver (1922).
15*. En Buenos Aires, en Argentina, beata Nazaria de Santa Teresa March Mesa, virgen, nacida en España y emigrante con su familia a México, la cual, llena de celo misionero, consagró su vida a la evangelización de los pobres y necesitados en varias naciones de América latina y fundó el Instituto de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia (1943).

Lecturas para las exequias por un niño bautizado.

Difuntos y exequias

PRIMERAS LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Fuera del tiempo pascual

1
El Señor aniquilará la muerte para siempre
Lectura del libro de Isaías 25, 6a. 7-9

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación.»

Palabra de Dios.

2
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 22-26

La misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡que grande es tu fidelidad!
El Señor es mi lote, me digo, y espero en el.
El Señor es bueno para los que en el esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

PRIMERAS LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO
Tiempo pascual

1
Dios enjugará las lágrimas de sus ojos
Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9-10. 15-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
Y gritaban con voz potente:
—«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!»
Están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo.
El que se sienta en el trono acampara entre ellos.Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

Palabra de Dios.

2
Ya no habrá muerte
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1a. 3-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Y escuché una voz potente que decía desde el trono:
—«Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
—«Todo lo hago nuevo.»

Palabra de Dios.

SALMOS RESPONSORIALES

1
Sal 22, 1-3. 4. 5. 6 (R.: 1)
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin termino. R.

2
Sal 24, 4bc-5ab. 6 y 7bc. 20-21 (R.: 1b)
R. A ti, Señor, levanto mi alma.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tu eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mi con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R.

3
Sal 41, 2. 3. 5bcd; 42, 3. 4. 5 (R.: 41, 3a)
R. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R.

Tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entrare a ver el rostro de Dios? R.

Recuerdo cómo marchaba
a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de jubilo y alabanza. R.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo
«Salud de mi rostro, Dios mío.» R.

4
Sal 148, 1-2. 11-13ab. 13c-14 (R.: cf. 13a)
R. Alabad el nombre del Señor.
O bien:
Aleluya.

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos. R.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños,
alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime. R.

Su majestad sobre el cielo y la tierra;
el acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R.

SEGUNDAS LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

1
Creemos que también viviremos con Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-9

Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con el; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.

2
En la vida y en la muerte somos del Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para si mismo y ninguno muere para si mismo.
Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios.

3
Por Cristo todos volverán a la vida
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-23

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo.

Palabra de Dios.

4
Dios nos eligió en la persona de Cristo,antes de crear el mundo, para que fuésemos santos
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-5

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante el por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos.

Palabra de Dios.

5
Estaremos siempre con el Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-14. 17b-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos, para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con el.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.

ALELUYA Y VERSÍCULOS ANTES DEL EVANGELIO

1
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.

2
Jn 6, 39
Ésta es la voluntad de mi Padre: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el ultimo día —dice el Señor—.

3
2 Co 1, 3b-4a
Bendito sea el Padre de misericordia y Dios del consuelo. Él nos alienta en nuestras luchas.

EVANGELIOS

1
Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
—«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviare. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor.

2
El que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él
+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
—«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

3
Ésta es la voluntad de mi Padre: que no pierda nada de lo que me dio
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 37-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—«Todo lo que me da el Padre vendrá a mi, y al que venga a mi no lo echare afuera,
porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me
ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio,
sino que lo resucite en el ultimo día.
Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en el tenga vida
eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.»

Palabra del Señor.

O bien más breve:
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 37-39

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—«Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echare afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio,
sino que lo resucite en el ultimo día.»

Palabra del Señor.

4 Para un niño que ya había participado en la eucaristía:
El que come este pan tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre si:
—«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
—«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en el.El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que
me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

5
Si crees verás la gloria de Dios
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 32-38. 40

En aquel tiempo, cuando llegó María, la hermana de Lázaro, adonde estaba Jesús, al verlo se echo a sus pies diciéndole
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:
—«¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron:
—«Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
—«¡Como lo quería!»
Pero algunos dijeron:
—«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera este?»
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Jesús le dice a Marta:
—«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Palabra del Señor.

6
Ahí tienes a tu madre
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 25-30

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
—«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo:
—«Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su termino, para que se cumpliera la Escritura dijo:
—«Tengo sed.»
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
—«Está cumplido.»
E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Palabra del Señor.

lunes, 30 de mayo de 2016

Lunes 4 julio 2016, Santa Isabel de Portugal, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

PARTE VIII. CELEBRACIONES LITÚRGICAS UNIDAS CON ACTOS SOLEMNES DE GOBIERNO EPISCOPAL

CAPÍTULO I. CONCILIOS PLENARIOS O CONCILIOS PROVINCIALES Y SINODOS DIOCESANOS


1169. Por una antigua tradición de la Iglesia, tanto los Concilios como los Sínodos diocesanos, incluyen también acciones litúrgicas, tomando como prototipo de estas celebraciones las que refieren los Hechos de los Apóstoles (15, 629).
El gobierno de la Iglesia de ningún modo puede ser tenido como un acto simplemente administrativo, sino que cuando se reúnen estas asambleas movidas por el Espíritu Santo, en nombre y para alabanza y gloria de Dios, manifestarán la unidad del Cuerpo de Cristo, que resplandece especialmente en la sagrada liturgia. Para quienes es común el cuidado, común debe ser también la oración.

1170. Las asambleas han de comenzar con la celebración de la Misa, a la cual se invitará al pueblo y en la cual es conveniente que todos los miembros del Concilio o del Sínodo concelebren con su Presidente.
Los que no concelebren, pueden comulgar bajo las dos especies.
Se dice la Misa por el Concilio o el Sínodo que se encuentra en el Misal entre las Misas por varias necesidades, a no ser que ocurra un día que se incluyen bajo los nn. 14 de la tabla de los días litúrgicos (1).
Las vestiduras litúrgicas son de color rojo.

1171. Si antes de esta Misa, según las circunstancias, se hace la procesión al sitio donde se efectúa la reunión, se canta la antífona: Escúchanos, u otro canto adecuado.
Luego el Presidente saluda al pueblo y, hecha una breve monición, o por sí mismo o por uno de los concelebrantes, o por el diácono, dice una de las oraciones que se encuentran en el Misal por una reunión espiritual o pastoral, o por la Iglesia, especialmente por la Iglesia local.
En seguida pone incienso, y si se juzga conveniente, el diácono dice con voz fuerte: Avancemos en paz.
Se ordena la procesión en la cual un diácono lleva honoríficamente el Evangeliario.
Y se avanza hacia la iglesia, mientras se cantan las letanías de los Santos, a las que se agrega, antes de la última invocación, Para que te dignes visitar y bendecir este Sínodo.En el sitio conveniente se pueden agregar las invocaciones del Santo Patrono, del Fundador y de los Santos de la Iglesia local.
Cuando la procesión llega a la iglesia, una vez venerado el altar por los concelebrantes, todos ocupan los puestos asignados.
El Presidente también venera el altar, lo inciensa y se dirije a la cátedra, donde, omitidos los demás ritos iniciales, dice la oración colecta de la Misa.

1172. Pero si no se hizo la procesión, la Misa comienza como de costumbre, según el rito de la Misa estacional.
Después del Evangelio, el Evangeliario se coloca abierto sobre un facistol idóneo en el centro del presbiterio.

1173. Terminada la homilía hecha por el Presidente, siempre se dice o se canta el Credo, al cual sigue el juramento de los miembros del Concilio o del Sínodo, como también del Presidente del mismo.
Dicha la oración después de la Comunión, el Presidente da la bendición.
El diácono despide al pueblo.
Luego el Presidente inicia la oración: Estamos presentes, u otra, la cual todos prosiguen.

1174. Durante el tiempo del Concilio o del Sínodo, es conveniente que antes de la asamblea de cada día, se concelebre la Misa, o se cante la Hora de la Liturgia de las Horas que corresponda al momento del día, o bien, se haga una celebración de la Palabra de Dios.
Si se celebra la Misa, el Evangeliario se lleva honoríficamente durante la entrada de los concelebrantes y se coloca sobre el altar, tal como se hace en la Misa estacional.
Proclamado el Evangelio, el Evangeliario se coloca abierto sobre un facistol idóneo en el centro del presbiterio.
Si por el contrario se celebra la Hora de la Liturgia de las Horas, terminada la celebración, el diácono, acompañado por acólitos con cirios encendidos, lleva honoríficamente el Evangeliario y, entonces con el mismo rito de la Misa, se lee un texto apropiado del Evangelio y, terminada la lectura, el diácono coloca el Evangeliario abierto en un facistol idóneo, como se dijo antes.
Si se hace una celebración de la Palabra de Dios, todo se desarrolla como se encuentra en los nn. 221-226, observando lo que se dijo acerca de los honores que deben tributarse al Evangeliario.

1175. Al final de la última asamblea se canta el himno: Señor, Dios eterno, alegres te cantamos (Te Deum) y se concluye con la bendición del Presidente y la despedida.
Pero si se celebra la Misa, el canto del himno Señor, Dios eterno, alegres te cantamos (Te Deum) se hace antes de la oración después de la Comunión.
Si se cree conveniente, después de la despedida pueden cantarse también las Laudes llamadas regiae o carolinae.

1176. Lo que aquí se dice acerca de los Concilios y del Sínodo diocesano, que constituyen las reuniones más solemnes, conserva su validez positis ponendis también para aquellas reuniones más frecuentes que suelen convocarse en orden al gobierno ordinario de la Iglesia, como son las reuniones de la Conferencia Episcopal, los Consejos presbiterales y otras semejantes.

CALENDARIO

4 LUNES DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria o SANTA ISABEL DE PORTUGAL, memoria libre

Misa
de feria (verde) o de la memoria (blanco).
ve bl MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común o de un domingo del T. O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Os 2, 16. 17b-18. 21-22. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo.
- Sal 144. R. El Señor es clemente y misericordioso.
- Mt 9, 18-26. Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, y vivirá.
o bien: cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 5 de julio, pág. 398.
CALENDARIOS: Tarragona: Dedicación de la iglesia-catedral (F).
Bilbao: San Valentín de Berriochoa, obispo y mártir (F). San Sebastián: (ML).
Zaragoza: Santa Isabel de Portugal (MO).
Mínimos: Beato Gaspar de Bono, presbítero (MO).
Sevilla: San Laureano, obispo y mártir (ML).
Dominicos: Beato Pedro Jorge Frassatti o Beata Catalina Jarrigue, virgen (ML).
Servitas: Beato Ubaldo de Borgo Sansepolcro, presbítero (ML).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Santa Isabel, reina de Portugal, admirable por su desvelo en conseguir que reyes enfrentados hiciesen las paces, y por su caridad en favor de los pobres. Muerto su esposo, el rey Dionisio, abrazó la vida religiosa en el monasterio de monjas de la Tercera Orden de las Clarisas de Estremoz, en Portugal, que ella misma había fundado, y en el cual murió, cuando se esforzaba por conseguir la reconciliación entre un hijo y un nieto suyos que estaban enfrentados. (1336)

Oración colecta propia, resto del común de santos que se han consagrado a una actividad caritativa.

4 de julio
Santa Isabel de Portugal
Die 4 iulii
S. Elisabeth Lusitaniæ
Antífona de entrada Mt 25, 34. 36. 40
Venid vosotros, benditos de mi Padre -dice el Señor-; estuve enfermo y me visitasteis. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Antiphona ad introitum Cf. Mt 25, 34. 36. 40
Veníte, benedícti Patris mei, dicit Dóminus: infírmus eram, et visitástis me. Amen dico vobis, quámdiu fecístis uni ex his frátribus meis mínimis, mihi fecístis.
Oración colecta
Oh Dios, que creas la paz y amas la caridad, tú que otorgaste a santa Isabel de Portugal la gracia de conciliar a los hombres enfrentados, muévenos, por su intercesión, a poner nuestros esfuerzos al servicio de la paz para que merezcamos llamarnos hijos de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, auctor pacis et amátor caritátis, qui beátam Elísabeth mira dissidéntes componéndi grátia decorásti, da nobis, eius intercessióne, pacis ópera exercére, ut fílii Dei nominári possímus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XIV semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Os 2, 16. 17b-18. 21-22
Me desposaré contigo para siempre
Lectura de la profecía de Oseas.

Esto dice el Señor:
«Yo la persuado,
la llevo al desierto, le hablo al corazón.
Allí responderá como en los días de su juventud,
como el día de su salida de Egipto.
Aquel día —oráculo del Señor—
me llamarás «esposo mío”,
y ya no me llamarás «mi amo”.
Me desposaré contigo para siempre,
me desposaré contigo
en justicia y en derecho,
en misericordia y en ternura,
me desposaré contigo en fidelidad
y conocerás al Señor».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 8a)
R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

Aleluya Cf. 2 Tm 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio.
Salvátor noster Iesus Christus destrúxit mortem, et illuminávit vitam per Evangélium.
R.

EVANGELIO Mt 9, 18-26
Mi hija acaba de morir, pero ven tú y vivirá
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y al verla le dijo:
«¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús Llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios 199
Tocó delicadamente el ruedo del manto, se acercó con fe, creyó y supo que había sido sanada... Así nosotros, si queremos ser salvados, toquemos con fe el vestido de Cristo (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, 6, 56, 58 (PL 15, 1682-1683). ¿Te persuades de cómo ha de ser nuestra fe? Humilde. ¿Quién eres tú, quién soy yo, para merecer esta llamada de Cristo? ¿Quiénes somos, para estar tan cerca de El? Como a aquella pobre mujer entre la muchedumbre, nos ha ofrecido una ocasión. Y no para tocar un poquito de su vestido, o un momento el extremo de su manto, la orla. Lo tenemos a El. Se nos entrega totalmente, con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Lo comemos cada día, hablamos íntimamente con El, como se habla con el padre, como se habla con el Amor. Y esto es verdad. No son imaginaciones.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VI
294. Pidamos, hermanos, a Dios nuestro Padre, e cuyas manos están los destinos del universo, que escuche las oraciones de su pueblo.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea fiel a la voluntad de Cristo y se purifique de sus faltas y debilidades. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones: para que trabajen por la paz del mundo, a fin de que todos los pueblos puedan vivir y progresar en justicia, en paz y en libertad. Roguemos al Señor.
- Por los pobres y los afligidos, por los enfermos y los moribundos, y por todos los que sufren: para que encuentren el consuelo y la salud. Roguemos al Señor.
- Por todos los que estamos aquí reunidos: para que perseveremos en la verdadera fe y crezcamos siempre en la caridad. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que por tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo nos has dado el conocimiento de tu verdad: mira con bondad al pueblo que te suplica, líbralo de toda ignorancia y de todo pecado para que llegue a la gloria del reino eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, los dones de tu pueblo y concédenos que, al recordar las maravillas que el amor de tu Hijo realizó con nosotros, nos reafirmemos, a ejemplo de los santos, en el amor a ti y al prójimo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, Dómine, múnera pópuli tui, et praesta, ut, qui Fílii tui imménsae caritátis opus recólimus, in tui et próximi dilectióne, beáti N. exémplo, confirmémur. Per Christum.
PREFACIO II DE LOS SANTOS
Eficacia de la acción de los Santos
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque mediante el testimonio admirable de tus santos fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva, dándonos así pruebas evidentes de tu amor. Ellos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión.
Por eso, ahora, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos diciendo:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE SANCTIS
De actione Sanctorum
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Tu enim Sanctórum tuórum confessióne mirábili Ecclésiam tuam nova semper virtúte fecúndas, nobísque certíssima praebes tuae dilectiónis indícia. Sed étiam, ad mystéria salútis implénda, et ipsórum insígni incitámur exémplo et pia intercessióne perpétuo commendámur.
Unde et nos, Dómine, cum Angelis et Sanctis univérsis tibi confitémur, in exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de comunión Jn 15, 13
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Antiphona ad communionem Cf. Jn 15, 13
Maiórem hac dilectiónem nemo habet, ut ánimam suam ponat quis pro amícis suis.
Oración después de la comunión
Alimentados con estos sagrados misterios, te pedimos, Señor, nos ayudes a seguir los ejemplos de santa Isabel, que te rindió culto con devoción constante, y se entregó a tu pueblo en un continuo servicio de amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Sacris mystériis reféctos, da nos, quaesumus, Dómine, beáti N. exémpla sectári, qui te indeféssa pietáte cóluit, et pópulo tuo imménsa prófuit caritáte. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 5 de julio
S
an Antonio María Zaccaria
, presbítero, fundador de la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo o Barnabitas, para la reforma de las costumbres de los fieles cristianos, y que voló al encuentro del Salvador en Cremona, ciudad de la Lombardía (1539).
2. En Reggio, de Calabria, san Esteban de Nicea, obispo y mártir (s. I).
3. En Cirene, en Libia, santa Ciprila, mártir, la cual, según cuenta la tradición, durante la persecución bajo Diocleciano retuvo en sus manos durante mucho tiempo carbones ardiendo junto con el incienso, para que no pareciese, si los tiraba, que ofrecía culto a los dioses, y despedazados luego cruelmente sus miembros, su alma, decorada con su sangre, voló al encuentro del Esposo (s. IV).
4. Conmemoración de san Atanasio de Jerusalén, diácono de la iglesia de la Santa Resurrección y mártir, que fue atrozmente atormentado por el monje hereje Teodosio por reprobarle su impiedad y por haber defendido el Concilio de Calcedonia contra quienes lo impugnaban (451/452).
5. Conmemoración de san Domicio, de sobrenombre “Médico”, eremita en el monte Quros, de Armenia (s. V).
6*. En el monte Admirable, en Siria, santa Marta, madre de san Simeón Estilita el Joven (551).
7*. En el monte Athos, san Atanasio, hegúmeno, humilde y pacífico, que estableció la vida cenobítica en la Gran Laura (c. 1004).
8*. En el monasterio de Santa María de Terreto, cerca de Reggio Calabria, santo Tomás, abad (1000).
9*. En Wexford, en Irlanda, beatos Mateo Lambert, Roberto Meyler, Eduardo Cheevers y Partricio Cavanagh, mártires, panadero el primero y marineros los demás, que, en tiempo de la reina Isabel I, por su fidelidad a la Iglesia Romana y por ayudar a los católicos perseguidos fueron ahorcados y descuartizados (1581).
10*. En Oxford, ciudad de Inglaterra, beatos Jorge Nichols y Ricardo Yaxley, presbíteros, Tomás Belson, que se preparaba para el sacerdocio, y Hunfredo Pritchard, todos los cuales, siendo reina la misma Isabel I, por haber entrado unos en Inglaterra como sacerdotes, y otros, por colaborar con ellos, fueron condenados a muerte y sufrieron el suplicio en el patíbulo (1589).
11. Cerca de Huangeryin, en la región de Ningjinxian, en la provincia china de Hebei, santas Teresa Chen Jinxie y Rosa Chen Aixie, hermanas, vírgenes y mártires, que en la persecución desencadenada por el movimiento de los Yihetuan, para salvaguardar el honor de su virginidad y su fe cristiana hicieron frente valientemente a las atrocidades de sus perseguidores, muriendo alanceadas por sus verdugos (1900).

EXEQUIAS CON MISA por un hijo joven difunto, celebradas íntegramente en una iglesia.

Difuntos y exequias

FORMULARIO PARA LAS EXEQUIAS DE UN DIFUNTO MUY JOVEN

1. RECIBIMIENTO DEL DIFUNTO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA

1. El ministro, junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares del difunto con las siguientes palabras u otras parecida.
Queridos padres, familiares y amigos: La muerte de vuestro querido N. ha congregado en torno a él (ella) y a vosotros a muchas personas. Ante la dolorosa desgracia que ha afectado a vuestra familia, vuestros amigos y conocidos desean testimoniaros su amistad y solidaridad. Y también la Iglesia, representada por tantos amigos y por mí mismo, deseamos, en este momento de dolor, confortaros y orar con vosotros por vuestro querido (vuestra querida) N., y pedir también por vosotros al Padre de misericordia y Dios de todo consuelo para que os conforte en esta gran tribulación.

2. A continuación se entra el cadáver en la iglesia.
(Mientras se introduce es muy oportuno cantar el salmo 113, en el que la asamblea puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor, o bien se entona otro canto apropiado).

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Salmo 113, 1-8. 25-26

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedeernal en manantiales de agua.

Los mueros ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Puesto el cadáver ante el altar, colocado, si es posible, junto a él el cirio pascual y situados los familiares en sus lugares, el ministro saluda a la asamblea diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Luego se dirige a los fieles reunidos en la iglesia con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos hermanos: La celebración que hoy nos congrega aquí, junto a unos padres y familiares desolados por la muerte de su hijo N., nos sume a todos en una angustia casi indecible: nos resulta difícil aunar la juventud con la muerte, el inicio de una vida llena de ilusiones con el fin brusco de una existencia que apenas había comenzado. Frente a una muerte como la que estamos contemplando, parece que todo nuestro ser se rebela y nos vemos desprovistos de respuestas y casi sin fuerzas.
Pero, si no sabemos acallar nuestro dolor, podemos, por lo menos, dirigir a Dios una mirada que, aunque limitada y pobre, quiere buscar humildemente en él refugio y consuelo, fuerza y esperanza.
Recordad en este momento de desaliento, a Jesús que lloró por la muerte de su amigo Lázaro y se conmovió ante una viuda que acababa de perder a su hijo. Él mismo, turbado y lleno de angustia ante su propia muerte, dirige al Padre su oración, amarga por el dolor: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"; y afianzad vuestra esperanza, recordando como el Padre atendió esta plegaria de tal modo que Jesús, poco después, confortado ya con el auxilio del cielo, puede decir, con una gran paz y esperanza: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu."
Que el Padre de misericordia os ayude él mismo a imitar esta actitud de confianza que vemos en Jesús; que, inclinados también vosotros bajo la poderosa mano de Dios, logréis descargar en eél todo vuestro agobio, confiando en que él no deja de interesarse por nosotros.

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2 bis. El que preside puede encender en este momento el cirio pascual, diciendo la siguiente fórmula:
Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano (nuestra hermana) N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
La asamblea puede cantar 
¡Oh luz gozosa de la santa gloria
del Padre celeste inmortal!
¡Santo y feliz Jesucristo!
u otro canto apropiado.
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3. (Si no ha habido canto) Luego, se reza la siguiente letanía por el difunto:

Letanía por el difunto

Tú que libraste a tu pueblo de la esclavitud de Egipto:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que abriste el mar Rojo ante los israelitas que caminaban hacia la libertad prometida:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que diste a tu pueblo posesión de una tierra que manaba leche y miel:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que quisiste que tu Hijo llevara a realidad la antigua Pascua de Israel:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, por la muerte de Jesús, iluminas las tinieblas de nuestra muerte:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, en la resurrección de Jesucristo, has inaugurado la vida nueva de los que han muerto:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, en la ascensión de Jesucristo, has querido que tu pueblo vislumbrara su entrad en la tierra de promisión definitiva:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

En lugar de las letanías precedente, puede también leerse el salmo 113, en el que el pueblo puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor.

2. MISA EXEQUIAL

4. Terminadas las letanías (o el salmo 113) y omitido el acto penitencial y el Señor, ten piedad, se dice la oración colecta:

Oremos.
Concede, Señor, la felicidad de la gloria eterna a tu siervo (sierva) N., a quien has llamado en este mundo cuando el vigor de la juventud empezaba a embellecer su vida corporal; muestra para con él (ella) tu misericordia y acógelo (acógela) entre tus santos en el canto eterno de tu alabanza. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oremos.
Oh Dios, que riges el curso de la vida humana y concedes a los hombres breves días de vida en la tierra, para que su existencia florezca eternamente en tu reino; ante la muerte, a nuestros ojos prematura del (de la) joven N., acudimos a ti y, aunque sin comprender tus designios, aceptamos tu voluntad y te pedimos que a nuestro hermano (nuestra hermana) lo (la) acojas en tu reino y le concedas vivir una juventud perenne entre tus santos y elelgidos; y que a sus padres (familiares) los consueles con la certeza de que no en vano dieron la vida al (a la) que lloran y de que lo (la) volverán a encontrar un día en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Por un (una) joven recién casado (casada)
Oremos.
Señor Dios, que creaste al hombre y la mujer, para que, a través del amor conyugal, fueran imagen viva de la unión de Cristo con la Iglesia, acoge en la asamblea festiva de tus elelgidos a tu siervo (sierva) N., que, en tus designios inescrutables, has llamado [tan inesperadamente] del seno de su familia, y alivia el dolor de su esposa (esposo) fortaleciéndola (fortaleciéndolo) con la esperanza de la resurrección y de su encuentro eterno en Cristo. Él, que vive y reina contigo.

La celebración prosigue como habitualmente, con la Liturgia de la palabra (cf. el Leccionario de las misas de difuntos).

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Edad avanzada, una vida sin tacha
Lectura del libro de la Sabiduría 4, 7-15

El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso; vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el numero de años; canas del hombre son la prudencia, y edad avanzada, una vida sin tacha.
Agradó a Dios, y Dios lo amó, vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó; lo arrebató, para que la malicia no pervirtiera su conciencia, para que la perfidia no sedujera su alma; la fascinación del vicio ensombrece la virtud, el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia.
Maduró en pocos años, cumplió mucho tiempo; como su alma era agradable a Dios, se dio prisa en salir de la maldad; la gente lo ve y no lo comprende, no se da cuenta de esto: que quiere a sus elegidos, se apiada de ellos y mira por sus devotos.

Palabra de Dios.

O bien, en Tiempo Pascual:
Ya no habrá muerte
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe.Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Y escuche una voz potente que decía desde el trono:
—«Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
—«Todo lo hago nuevo. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al sediento, yo le daré a beber de balde de la fuente de agua viva. Quien salga vencedor heredará esto, porque yo seré su Dios, y el será mi hijo.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 24, 6-7bc. 17-18. 20-21 (R.: 1; o bien: 3)
R. A ti, Señor, levanto mi alma.
O bien:
Los que esperan en ti, Señor, no quedan defraudados.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mi con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.

Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados. R.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R.

SEGUNDA LECTURA (si es conveniente)
Andemos en una vida nueva
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-9

Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con el en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre el.

Palabra de Dios.

Aleluya
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.

EVANGELIO
Venid a mi, y yo os aliviaré
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
—«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviare. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

5. Después de la homilía, se hace, como habitualmente la oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido:

Oración universal

Acudamos al Padre de misericordia y Dios de todo consuelo y pidámosle que vuelva sus ojos hacia nosotros, sus siervos, que lloramos la muerte del hermano (de la hermana) a quien amábamos.

1. Por el siervo (la sieva) de Dios N., a quien el Señor ha llamado de este mundo en la flor de su juventud, para que goce de una juventud eterna en el reino de Dios, roguemos al Señor.
2. Para que sea perdonado (perdonada) de todos sus pecados y premiado (premiada) por sus buenas obras, roguemos al Señor.
3. Para que, dejado este primer mundo, sea admitido (admitida) ahora entre los moradores felices del paraíso, roguemos al Señor.
4. Para que Dios sea refugio y fortaleza de quienes, sin comprender sus designios, lloran su muerte, roguemos al Señor.
5. Para que el Señor se compadezca de los que se ven desconcertados ante esta [inesperada] muerte y los reconforte con la esperanza de la vida eterna, roguemos al Señor.
6. Para que las lágrimas de sus padres y familiares se transformen un día en aquel gozo que nadie les podrá nunca arrebatar, roguemos al Señor.
7. Para que todos los que lloran su muerte les sirva de alivio la comunión fraterna y la solidaridad cristiana de quienes nos hemos reunido aquí para acompañarlos, roguemos al Señor.
8. Para que todos nosotros comprendamos, en la escuela del dolor y de las lágrimas, la caducidad de los bienes terrenos y nos adhiramos con fe a los eternos, roguemos al Señor.
9. Concluyamos nuestra oración pidiendo a Dios por todos los hombres; y para que santifique a su Iglesia, colme de bienes al mundo y se compadezca de todos los que sufren, roguemos al Señor.

Oh Dios, Padre bueno y justo, inclinándonos humildemente ante el misterio de unos designios que no comprendemos, te pedimos que escuches nuestras plegarias, ilumines las tinieblas en que nos sume nuestro dolor y concedas a nuestro hermano (nuestra hermana) N. vivir eternamente contigo en la felicidad de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La misa prosigue como habitualmente, hasta la oración después de la comunión.

Oración sobre las ofrendas
Dios de justicia y misericordia, limpia en la sangre de Cristo, por medio de este sacrificio, los pecados de tu siervo N., y al que ya habías lavado con el agua del bautismo, purifícale ahora con el mismo amor indulgente. Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO I DE DIFUNTOS
La esperanza de la resurrección en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad.
Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA II.

Antífona de la comunión Cf. Rm 6, 4. 8

Sepultados por el bautismo con Cristo en la muerte, creemos que también viviremos con él. (T. P. Aleluya.)

Oración después de la comunión
Alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que murió y resucitó por nosotros, te pedimos, Señor, por tu siervo N., para que, purificado por el misterio pascual, goce ya de la resurrección eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

3. ÚLTIMO ADIÓS AL CUERPO DEL DIFUNTO

6. Dicha la oración después de la comunión y omitida la bendición, se procede al rito del último adiós al cuerpo del difunto. El que preside, colocado cerca del féretro, se dirige a los fieles con las siguientes palabras u otras parecidas:

Vamos a cumplir ahora con nuestro deber de llevar a la sepultura el cuerpo de nuestro hermano (nuestra hermana); y, fieles a la costumbre cristiana, lo haremos pidiendo con fe a Dios, para quien toda cristura vive, que admita su alma entre sus santos y que, a este cuerpo que hoy enterramos en debilidad, lo resucite un día lleno de vida y de gloria. Que, en el momento del juicio, use de misericordia para con nuestro hermano (nuestra hermana), para que, libre de la muerte, absuelto (absuelta) de sus culpas, reeconciliado (reconciliada) con el Padre, llevado (llevada) sobre los hombros del buen Pastor y agregado (agregada) al séquito del Rey eterno, disfrute para siempre de la gloria eterna y de la compañía de los santos.

7. Todos oran unos momentos en silencio. Luego, el que preside continúa, diciendo:

No temas, hermano (hermana), Cristo murió por ti y en su resurrección fuiste salvado (salvada). El Señor te protegió durante tu vida; por ello, esperamos que también te librará, en el último día de la muerte que acabas de sufrir. Por el bautismo fuiste hecho (hecha) miembro de Cristo resucitado: el agua que ahora derramaremos sobre tu cuerpo nos lo recordará. [Dios te dio su Espíritu Santo, que consagró tu cuerpo como templo suyo; el incienso con que perfumaremos tus despojos será símbolo de tu dignidad de templo de Dios y acrecentará en nosotros la esperanza de que este mismo cuerpo, llamado a ser piedra viva del templo eterno de Dios, resucitará gloriosamente como el de Jesucristo.]

8. Después, el que preside da la vuelta al féretro aspergiéndolo con agua bendita; (luego, pone incienso, lo bendice y da una segunda vuelta perfumando el cadáver con el incienso;) mientras tanto se canta el responsorio Subvenite u otro canto de despedida del difunto.

Responsorio
Subveníte, Sáncti Déi,
occúrrite, Ángeli Dómini:
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Suscípiat te Chrístus, qui vocávit te:
et in sínum Ábrahae Ángeli dedúcant te:* 
Suscipiénte ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Réquiem aetérnam dóna éi, Dómine:
et lux perpétua lúceat éi.
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.

O bien:
Canto de despedida
Cristiano, vive con Cristo, entra en su gozo;
por su perdón y su gracia canta victoria.
Dichos tú, ya salvado: entra en la vida.
Nosotros, los que quedamos, testigos de la esperanza,
formando una sola Iglesia, te acompañamos.

Si no hay canto, uno de los presentes puede recitar las siguientes invocaciones, a las que el pueblo responde: Señor, ten piedad, o bien: Kýrie, eléison.

Invocaciones
Que nuestro hermano (nuestra hermana) viva eternamente en la paz junto a ti.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que participe contigo de la felicidad eterna de los santos.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que contemple tu rostro glorioso y tenga parte en la alegría sin fin.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Oh Cristo acógelo (acógela) junto a ti con todos los que nos han precedido.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)

9. Después, el que preside añade la siguiente oración:

Oremos.
A tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano (nuestra hermana), con la firme esperanza de que resucitará en el último día, con todos los que han muerto en Cristo. Te damos gracias por todos los dones con que lo (la) enriqueciste a los largo de su vida; en ellos reconocemos un signo de tu amor y de la comunión de los santos.
Dios de misericordia, acoge las oraciones que te presentamos por este hermano nuestro (esta hermana nuestra) que acaba de dejarnos y ábrele las puertas de tu mansión. Y a sus familiares y amigos, y a todos nosotros, los que hemos quedado en este mundo, concédenos saber consolarnos con palabras de fe, hasta que también nos llegue el momento de volver a reunirnos con él (ella), junto a ti en el gozo de tu reino eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

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9 bis. En este momento, uno de los familiares o amigos puede hacer una breve biografía del difunto y agradecer a los presentes su participación en las exequias.
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10. Después se saca el cuerpo hasta la puerta de la iglesia, mientras se canta la siguiente antífona:

Ant. In paradísum* dedúcant te Ángeli:
in túo advéntu suscípiant te Mártires,
et perdúcant te in civitátem sánctam Ierúsalem.

O bien:

Ant. Al paraíso te lleven los ángeles,
a tu llegada te reciban los mártires
y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén.

11. Llegados a la puerta de la iglesia, mientras se coloca el cuerpo del difunto en el carro mortuorio, se canta el salmo 117, en el que se puede ir intercalando la antífona Abridme las puertas del triunfo.

Ant. Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

Salmo 117, 1-20

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señ-or está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchas: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
- Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Si no se canta la antífona y el salmo, se recita el salmo 117, intercalando la antífona Abridme las puertas del triunfo, que se recita mientras se saca el cuerpo de la iglesia.

Ant. Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

12. Terminado el canto o la recitación del salmo, colocado el cuerpo en el carro mortuorio, el que preside añade:

Que el Señor abra las puertas del triunfo a nuestro hermano (nuestra hermana), para que terminado el duro combate de su vida mortal, entre como vencedor (vencedora) por las puertas de los justos y en sus tiendas entone cantos de victoria por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Y a todos nosotros nos dé la certeza de que no está muerto (muerta), sino que duerme, de que no ha perdido la vida, sino que reposa, porque ha sido llamado (llamada) a la vida eterna pñor los siglos de los siglos.
R. Amén.

13. El que preside termina la celebración, diciendo:

V. Señor, + dale el descanso eterno.
R. Y brille sobre él (ella) la luz eterna.
V. Descanse en paz.
R. Amén.
V. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.