jueves, 29 de septiembre de 2016

Jueves 3 noviembre 2016, San Martín de Porres, religioso, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

San Juan Pablo II, Carta "Dominicae Cenae" (24-febrero-1980)

CONCLUSIÓN

13. Permitidme, venerables y queridos Hermanos, que termine ya estas consideraciones, que se han limitado a profundizar sólo algunas cuestiones. Al proponerlas he tenido delante toda la obra desarrollada por el Concilio Vaticano II, y he tenido presente en mi mente la Encíclica de Pablo VI «Mysterium Fidei», promulgada durante el Concilio, así como todos los documentos emanados después del mismo Concilio para poner en práctica la renovación litúrgica postconciliar. Existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia.

La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida. Y por ello, la renovación litúrgica, realizada de modo justo, conforme al espíritu del Vaticano II, es, en cierto sentido, la medida y la condición para poner en práctica las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que queremos aceptar con fe profunda, convencidos de que, mediante el mismo, el Espíritu Santo «ha dicho a la Iglesia» las verdades y ha dado las indicaciones que son necesarias para el cumplimiento de su misión respecto a los hombres de hoy y de mañana.

También en el futuro habremos de tener una particular solicitud para promover y seguir la renovación de la Iglesia, conforme a la doctrina del Vaticano II, en el espíritu de una Tradición siempre viva. En efecto, pertenece también a la sustancia de la Tradición, justamente entendida, una correcta «relectura» de los «signos de los tiempos», según los cuales hay que sacar del rico tesoro de la Revelación «cosas nuevas y cosas antiguas».[71] Obrando en este espíritu, según el consejo del Evangelio, el Concilio Vaticano II ha realizado un esfuerzo providencial para renovar el rostro de la Iglesia en la sagrada liturgia, conectando frecuentemente con lo que es «antiguo», con lo que proviene de la herencia de los Padres y es expresión de la fe y de la doctrina de la Iglesia unida desde hace tantos siglos.

Para continuar poniendo en práctica, en el futuro, las normas del Concilio en el campo de la liturgia, y concretamente en el campo del culto eucarístico, es necesaria una íntima colaboración entre el correspondiente Dicasterio de la Santa Sede y cada Conferencia Episcopal, colaboración atenta y a la vez creadora, con la mirada fija en la grandeza del santísimo Misterio y, al mismo tiempo, en las evoluciones espirituales y en los cambios sociales, tan significativos para nuestra época, dado que no sólo crean a veces dificultades, sino que disponen además a un modo nuevo de participar en ese gran Misterio de la fe.

Me apremia sobre todo el subrayar que los problemas de la liturgia, y en concreto de la Liturgia eucarística, no pueden ser ocasión para dividir a los católicos y amenazar la unidad de la Iglesia. Lo exige una elemental comprensión de ese Sacramento, que Cristo nos ha dejado como fuente de unidad espiritual. Y ¿cómo podría precisamente la Eucaristía, que es en la Iglesia «sacramentum pietatis, signum unitatis, vinculum caritatis»[72] constituir en este momento, entre nosotros, punto de división y fuente de disconformidad de pensamientos y comportamientos, en vez de ser centro focal y constitutivo, cual es verdaderamente en su esencia, de la unidad de la misma Iglesia?

Somos todos igualmente deudores hacia nuestro Redentor. Todos juntos debemos prestar oído al Espíritu de verdad y amor, que El ha prometido a la Iglesia y que obra en ella. En nombre de esta verdad y de este amor, en nombre del mismo Cristo Crucificado y de su Madre, os ruego y suplico que, dejando toda oposición y división, nos unamos todos en esta grande y salvífica misión, que es precio y a la vez fruto de nuestra redención. La Sede Apostólica hará todo lo posible para buscar, también en el futuro, los medios que puedan garantizar la unidad de la que hablamos. Evite cada uno, en su modo de actuar, «entristecer al Espíritu Santo».[73]

Para que esta unidad y la colaboración constante y sistemática que a ella conduce, puedan proseguirse con perseverancia, imploro de rodillas para todos nosotros la luz del Espíritu Santo, por intercesión de María, su Santa Esposa y Madre de la Iglesia. Al bendecir a todos de corazón, me dirijo una vez más a vosotros, venerados y queridos Hermanos en el Episcopado, con un saludo fraterno y plena confianza. En esta unidad colegial de la que participamos, hagamos el máximo esfuerzo para que, dentro de la unidad universal de la Iglesia de Cristo sobre la tierra, la Eucaristía se convierta cada vez más en fuente de vida y luz para la conciencia de todos nuestros hermanos, en todas las comunidades.

Con espíritu de fraterna caridad, me es grato impartir la Bendición Apostólica a vosotros y a todos los hermanos en el sacerdocio.

Vaticano, 24 de febrero, domingo I de Cuaresma, del año 1980, segundo de mi Pontificado

JOANNES PAULUS PP. II

[71] Mt 13, 52.
[72] Cf. S. Agustín, In Ioann. Ev. tract. 26, 13: PL 35, 1612 ss.
[73] Ef 4, 30


CALENDARIO

3 JUEVES DE LA XXXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria o SAN MARTÍN DE PORRES, religioso, memoria libre

Misa de feria (verde) o de la memoria (blanco).
ve bl MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común o de un domingo del T. O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Flp 3, 3-8a. Lo que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo.
- Sal 104. R. Que se alegren los que buscan al Señor.
- Lc 15, 1-10. Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.
o bien: cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 4 de noviembre, pág. 649.
CALENDARIOS: Urgell: San Ermengol, obispo (F). Solsona: (MO).
Zaragoza: Santa Engracia, virgen y mártir, y los protomártires de Zaragoza (F).
Dominicos: San Martín de Porres, religioso (F).
Sevilla: Todos los Santos hispalenses (MO).
Barbastro-Monzón y Tarazona: San Gaudioso, obispo (ML).
Jaén: Beato Manuel Lozano Garrido (ML).
Vic: San Pedro Almato, mártir (ML).
Jesuitas: Beato Ruperto Mayer, presbítero (ML).
Pasionistas: Beato Pío de San Luis, religioso (ML).
Escolapios, Mínimos y Salesas: Conmemoración de lo difuntos de la Orden.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
San Martín de Porres, religioso de la Orden de Predicadores, hijo de un español y de una mujer de color, quien, ya desde niño, a pesar de las limitaciones provenientes de su condición de hijo ilegítimo y mulato, aprendió la medicina que, después, siendo religioso, ejerció generosamente en Lima, ciudad del Perú, a favor de los pobres. Entregado al ayuno, a la penitencia y a la oración, vivió una existencia austera y humilde, pero irradiante de caridad. (1639)

Oración colecta propia; el resto del común de santos, religiosos.

3 de noviembre
San Martín de Porres, religioso
Die 3 novembris
S. Martini de Porres, religiosi
Antífona de entrada Sal 15, 5-6
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mí suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 15, 5
Dóminus pars hereditátis meae et cálicis mei: tu es qui restítues hereditátem meam mihi.
Oración colecta
Señor, Dios nuestro, que has querido conducir a san Martín de Porres, por el camino del servicio y la humildad, a la gloria del cielo, concédenos la gracia de seguir sus ejemplos, para que merezcamos ser coronados con él en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Collecta
Deus, qui beátum Martínum per humilitátis iter ad caeléstem glóriam perduxísti, tríbue nobis eius ita nunc pérsequi exémpla praeclára, ut exaltári cum ipso mereámur in caelis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la XXXI semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Fil 3, 3-8a
Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Fílipenses.

Hermanos:
Los circuncisos somos nosotros, los que damos culto en el Espíritu de Dios y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne. Aunque también yo tendría motivos para confiar en ella. Y si alguno piensa que puede hacerlo, yo mucho más: circuncidado a los ocho días, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, irreprochable.
Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 104, 2-3. 4-5. 6-7 (R.: 3b)
R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Lætetur cor quærentium Dóminum.
O bien: Aleluya.

V. Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas.
Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Lætetur cor quærentium Dóminum.

V. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Lætetur cor quærentium Dóminum.

V. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Lætetur cor quærentium Dóminum.

Aleluya Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados -dice el Señor-, y yo os aliviaré.
Veníte ad me, omnes qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos, dicit Dóminus.
R.

EVANGELIO Lc 15, 1-10
Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:
“Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Homilía en santa Marta 5 de noviembre de 2015
Sucede que el pastor y la mujer están llenos de alegría, porque encontraron lo que estaba perdido. Y van a los vecinos, a los amigos porque están muy felices: “¡Lo encontré, lo incluí!”. Precisamente esto es el incluir de Dios en contraposición con la exclusión del que juzga, que aparta a la gente, a las personas, diciendo: No, este no, este no, este no.... Creando así un pequeño círculo de amigos, que es su ambiente.
Esta es la dialéctica entre exclusión e inclusión: Dios nos ha incluido a todos en la salvación, a todos. Y este es el inicio: nosotros, con nuestras debilidades, con nuestros pecados, con nuestras envidias, celos, tenemos siempre esta actitud de excluir que, como he dicho antes, puede acabar en las guerras.
Jesús actúa precisamente como el Padre cuando lo envió a salvarnos: nos busca para incluirnos, para entrar en la comunidad, para ser una familia. (...) Así, volviendo a las dos parábolas evangélicas, la alegría del pastor y de la mujer está precisamente en el hecho de haber encontrado lo que creían haber perdido para siempre.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario XIV
302. Oremos al Señor nuestro Dios.
- Para que la Iglesia sepa anunciar a Cristo. Roguemos al Señor.
- Para que los políticos acierten en la solución de los graves problemas. Roguemos al Señor.
- Para que crezca entre todos los ciudadanos el sentido de la solidaridad. Roguemos al Señor.
- Para que sepamos dar un buen testimonio cristiano. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor, y concédenos lo que te pedimos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Dios de bondad, que en san N. has querido destruir el hombre viejo y crear en él un hombre nuevo, a tu imagen, concédenos, por sus méritos, ser renovados por ti, como él lo fue, para que podamos ofrecerte un sacrificio que te sea agradable. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Super oblata
Clementíssime Deus, qui, vétere hómine consúmpto, novum secúndum te in beáto N. creáre dignátus es, concéde propítius, ut nos páriter renováti hanc placatiónis hóstiam tibi acceptábilem offerámus. Per Christum.
PREFACIO DE SANTAS VÍRGENES Y RELIGIOSOS
Significado de la vida de consagración exclusiva a Dios
En verdad es justo y necesario que te alaben, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra, y, al recordar a los santos que por el reino de los cielos se consagraron a Cristo, celebremos la grandeza de tus designios.
En ellos recobra el hombre la santidad primera que de ti había recibido, y gusta ya en la tierra los dones reservados para el cielo.
Por eso, con todos ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO DE SANCTIS VIRGINIBUS ET RELIGIOSIS
De signo vitae Deo consecratae
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
In Sanctis enim, qui Christo se dedicavérunt propter regnum caelórum, tuam decet providéntiam celebráre mirábilem, qua humánam substántiam et ad primae oríginis révocas sanctitátem, et perdúcis ad experiénda dona, quae in novo saeculo sunt habénda.
Et ídeo, cum Sanctis et Angelis univérsis, te collaudámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de la comunión Cf. Mt 19, 27-29
Creedme, los que lo habéis dejado todo y me habéis seguido recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.
Antiphona ad communionem Cf. Mt 19, 27-29
Amen dico vobis quod vos, qui reliquístis ómnia, et secúti estis me, céntuplum accipiétis, et vitam aetérnam possidébitis.
Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que nosotros tus siervos, fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas a ejemplo de san N., y a ser nosotros, mientras vivamos en el mundo, imagen del hombre nuevo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Per huius virtútem sacraménti, quaesumus, Dómine, beáti N. exémplo, deduc nos iúgiter in tua dilectióne, et opus bonum quod copísti in nobis pérfice usque in diem Christi Iesu. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 4 de noviembre
M
emoria de san Carlos Borromeo, obispo, que nombrado cardenal por su tío materno, el papa Pío IV, y elegido obispo de Milán, fue en esta sede un verdadero pastor fiel, preocupado por las necesidades de la Iglesia de su tiempo, y para la formación del clero convocó sínodos y erigió seminarios, visitó muchas veces toda su diócesis con el fin de fomentar las costumbres cristianas y dio muchas normas para bien de los fieles. Pasó a la patria celeste en la fecha de ayer (1584).
2. En Bolonia, de la Emilia, santos Vidal y Agrícola, mártires, que, según nos refiere san Ambrosio, el primero de ellos fue antes siervo del segundo y luego compañero y colega en el martirio. Vidal padeció tantos tormentos que no le quedó parte de su cuerpo sin heridas y Agrícola, a su vez, sin asustarse por el suplicio de su antiguo criado, le imitó en el mismo martirio, siendo crucificado (304).
3. En Mira, de Licia, santos mártires Nicandro, obispo, y Hermas, presbítero (c. s. IV).
4. Conmemoración de san Pierio, presbítero de Alejandría, ilustrado en los temas filosóficos, pero más esclarecido aún por la integridad de su vida y su voluntaria pobreza. Mientras Teonas regía la Iglesia alejandrina, explicó con profundidad al pueblo las divinas Escrituras, y en Roma, después de la persecución, descansó en paz (s. IV).
5*. En Rodez, de Aquitania, san Amancio, obispo, a quien se tiene por el primero de esta ciudad (s. V).
6. En Maastrich, junto al Mossa, en Brabante, de Austrasia, san Perpetuo, obispo (c. 620).
7. En Tréveris, de Austrasia, santa Modesta, abadesa, que, consagrada a Dios desde la infancia, fue la primera que presidió la comunidad de monjas del cenobio «ad Horreum» (Öhren) en la ciudad, y estuvo unida con santa Gertrudis de Nivelles en total familiaridad, basada en Dios (680).
8. Junto a Alba Real (Székesfehérvár), en Panonia (hoy Hungría), san Emerico o Enrique, hijo de san Esteban, rey de los húngaros, sorprendido por una muerte imprevista (1031).
9*. En Padua, en la región de Venecia, beata Elena Enselmini, virgen de la Orden de las Clarisas, que sufrió con admirable paciencia multitud de dolores y hasta la pérdida del habla (1242).
10*. En Cerfroid, en el territorio de Meaux, en Francia, san Félix de Valois, que, después de una larga vida de solitario, se le considera compañero de san Juan de Mata en la fundación de la Orden de la Santísima Trinidad, para la redención de los cautivos (1212).
11*. En el convento de Nuestra Señora des Cöts, de Nantes, en Francia, beata Francisca de Amboise, que, siendo duquesa de Bretaña, fundó en Vannes el primer Carmelo femenino francés, donde se retiró como sierva de Cristo al quedar viuda (1475).

Ritual breve de la Iniciación de un adulto en peligro próximo o inminente de muerte.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

Capítulo III

RITUAL BREVE DE LA INICIACIÓN DE UN ADULTO EN PELIGRO PRÓXIMO O INMINENTE DE MUERTE

278. Al que se encuentra en peligro próximo de muerte, sea catecúmeno o no, se le puede bautizar con el rito breve que viene a continuación en los nn. 283-294, con tal de que pueda oír las preguntas y responda a ellas.

279. Si ya ha sido recibido como catecúmeno, debe prometer que, una vez recuperada la salud, acabará la catequesis acostumbrada. Si no es catecúmeno, conviene que dé señales claras de la conversión a Cristo y de la renuncia a los cultos paganos, y no esté ligado con obstáculos morales en su vida (v. gr. poligamia "simultánea", etc.); además ha de prometer que después de recobrar la salud, seguirá todo el curso de la iniciación que le corresponda.

280. Este rito se adapta especialmente para que lo dirijan catequistas y seglares.

Sin embargo, también el presbítero y el diácono, en caso de necesidad urgente, lo pueden utilizar; pero, de ordinario, el presbítero y el diácono es mejor que utilicen el rito que hemos llamado sencillo (nn. 240-273), introduciendo los cambios necesarios al lugar y al tiempo.

Así el presbítero que bautiza, y tenga a mano el sagrado Crisma, si hay tiempo suficiente, no omita, después del Bautismo, conferir también la Confirmación, omitiendo en este caso la crismación después del Bautismo (n. 263).

Igualmente, si es posible, lo mismo el presbítero que el diácono y, en su caso, el catequista o seglar que tenga facultad de distribuir la sagrada comunión, no dejen de administrar la Eucaristía al neófito. En este caso, se puede llevar el sacramento antes de la celebración del rito, y durante la ceremonia se coloca respetuosamente el sacramento sobre una mesa cubierta con un mantel blanco.

281. En el mismo momento de la muerte, o siendo ésta inminente, cuando el tiempo urge, el ministro, omitiendo todo lo demás, derrama el agua natural, aunque no esté bendecida, sobre la cabeza del enfermo, diciendo la formula acostumbrada (cf. Observaciones generales previas de la iniciación cristiana, n. 23).

282. Para aquéllos que estén, sea en peligro próximo, sea en el momento de la muerte, procúrese que, si recobran la salud, sean instruidos con la debida catequesis, y que recibidos en la iglesia en el tiempo oportuno, se les den los otros sacramentos de la iniciación. En este caso, guárdense con las debidas acomodaciones los principios que se establecen en los nn. 295-305.

Rito inicial

283. El catequista o el seglar, después de saludar cortés y brevemente a la familia, enseguida hablará con el enfermo acerca de su petición y si no es catecúmeno, de los motivos de su conversión; después, una vez que haya decidido sobre la conveniencia de bautizarle, Ie catequizará brevemente según la necesidad.

284. Después junto al enfermo invita a su familia, al padrino (madrina), a algunos amigos y allegados, entre los cuales se elige uno o dos como testigos. Y se prepara agua, aunque no esté bendecida.

Diálogo

285. Después, volviendo al enfermo, el ministro le interroga de nuevo con éstas o parecidas palabras:

Querido amigo, has pedido el Bautismo, porque quieres alcanzar la vida eterna, como los cristianos. Pues bien, la vida eterna consiste en que conozcas al Dios verdadero y a su enviado Jesucristo. Ésta
es la fe de los cristianos: ¿sabes esto?

Enfermo:
Sí, lo sé.

Ministro:
Pero juntamente con la fe en Jesucristo, también te será necesario que quieras cumplir sus mandamientos, como hacen los cristianos: ¿también sabes esto?

Enfermo:
Sí, también lo sé.

Ministro:
¿Quieres, pues, vivir como los cristianos?

Enfermo:
Sí, quiero.

Ministro:
Promete, pues, que después de que recobres las fuerzas, emplearás el tiempo necesario para conocer mejor a Cristo, y que seguirás el curso de la instrucción cristiana.

Enfermo:
Lo prometo.

286. Entonces, vuelto al padrino y a los testigos, el ministro les interroga con éstas o parecidas palabras:

Tú, que has oído su promesa (o bien: la promesa de N.) como padrino, ¿prometes que se la recordarás y le ayudarás para que aprenda la doctrina de Cristo, para que frecuente la comunidad y se haga buen cristiano?

Padrino:
Lo prometo.

Ministro:
Y vosotros, que estáis como testigos ¿os hacéis fiadores de su promesa?

Testigos:
Sí, nos hacemos fiadores.

287. Vuelto de nuevo al enfermo, el ministro le dice:

Así pues, según el mandato de Jesús, el Señor serás bautizado para la vida eterna.

Según la oportunidad y la urgencia, lee algunas palabras del Evangelio, que explica, si es posible, v. gr.:

Jn 3, 1-6 (Lecc. VIII, pág. 44): El que no nazca de nuevo no puede ver eI reino de Dios.
Jn 6,44-46 (Lecc. VIII, pág. 60): El que cree tiene vida eterna.
Mt 22, 35-40 (Lecc. VIII, pág. 56): Este mandamiento es el principal y primero.
Mt 28, 18-20 (Lecc. VIII, pág. 39): Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos.
Mc 1, 9-11 (Lecc. VIII, pág.40): Juan bautizó a Jesús en el Jordán.

Súplicas

288. A continuación invita a los presentes a que recen con él las súplicas siguientes:

En favor de este enfermo, que pide la gracia del Bautismo, por su padrino, y por toda su familia y amigos, invoquemos la misericordia de Dios omnipotente.

El ministro (o uno de los presentes) pronuncia una o dos de las invocaciones siguientes:

- Que te dignes aumentar su fe en Cristo, tu Hijo y Salvador nuestro:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que te dignes escuchar su deseo de poseer Ia vida eterna y de entrar en el reino de los cielos:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que te dignes cumplir su esperanza de conocerte a ti, creador del mundo y Padre de los hombres:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que por el Bautismo te dignes perdonarle los pecados y santificarle:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que te dignes darle la salvación que Cristo mereció por su pasión y resurrección:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que te dignes concederle la adopción de tus hijos en el amor:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que te dignes restituirle la salud y darle tiempo de conocer e imitar más profundamente a Cristo:
R. Te rogamos, óyenos.

- Que te dignes conservarnos siempre a todos los discípulos de Cristo, bautizados como miembros de un solo cuerpo, en la misma fe y en la misma caridad:
R. Te rogamos, óyenos.

Se pueden acomodar estas invocaciones según las circunstancias.

289. El ministro concluye las súplicas con la oración siguiente:

Escucha, Señor, nuestra oración,
y mirando la fe y el deseo de tu amado N.,
concédele que, configurado
según la pasión y resurrección de Cristo,
por medio de esta agua,
que elegiste para el nacimiento sobrenatural de los hombres,
consiga el perdón de todos sus pecados,
llegue a ser hijo de tu adopción
y sea agregado a tu pueblo santo.
(Concédele también que, recobrada la salud,
te dé gracias formando parte de tu Iglesia,
y, siguiendo fielmente los mandamientos de Cristo,
se haga perfecto discípulo suyo.)
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Renuncia y profesión de fe

290. A continuación el ministro, mirando al enfermo, le pide la renuncia a Satanás y la profesión de fe:

¿Renuncias a Satanás, y 4 todas sus obras y seducciones?

Enfermo:
Sí, renuncio.

Según las circunstancias el ministro puede utilizar la fórmula más extensa (cf. n.217) y la acomodación de que trata el n. 80. Y continúa:

¿Crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Enfermo;
Sí, creo.

Ministro:
¿Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Enfermo:
Sí, creo.

Ministro:
¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

Enfermo:
Sí, creo.

Rito del Bautismo

291. Seguidamente el ministro, pronunciando el nombre que el enfermo desea recibir, le bautiza diciendo:

N., yo te bautizo en el nombre del Padre,
Derrama el agua por primera vez

y del Hijo,
Derrama el agua por segunda vez

y del Espíritu Santo.
Derrama el agua por tercera vez.

Si el ministro del Bautismo es diácono, después de derramar el agua, puede administrar la unción del Crisma que sigue al Bautismo, del modo y con la fórmula acostumbrados (n. 263).
_________________________________________________

292. si no se le puede dar la Confirmación ni la sagrada Comunión, el ministro dirá a continuación del Bautismo:

N., liberado de tus pecados y regenerado por Dios Padre, te has hecho hijo suyo en Cristo. Después, si Dios lo permite, recibirás la plenitud del Espíritu Santo por la Confirmación, y, acercándote al altar de Dios, participarás de la mesa de su sacrificio. Ahora, pues, con el espíritu de los hijos de adopción, que acabas de recibir, ora juntamente con nosotros, como el Señor nos enseñó.

Y el neófito y todos los presentes juntamente con el ministro dicen la Oración dominical (cf. n. 294).
__________________________________________________

Rito de la Confirmación

293. Si el que ha administrado el Bautismo es un presbítero, él puede conferir la Confirmación (cf. n. 280), empezando por una exhortación, concebida en los términos siguientes, o en otros parecidos:

N., regenerado ya en Cristo y transformado en miembro suyo y de su pueblo sacerdotal, ahora sólo te falta recibir al Espíritu Santo, que ha sido derramado sobre nosotros, el mismo Espíritu que envió el Señor sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, y que ellos y sus sucesores confieren a los bautizados.

Después, si es oportuno, invita a los presentes para que oren en silencio algunos momentos. Acabada la oración, el presbítero, imponiendo las manos sobre el que va a confirmarse, dice:

Dios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo,
a este siervo tuyo
y le libraste del pecado,
escucha nuestra oración
y envía sobre él el Espíritu Santo Paráclito;
llénalo de espíritu de sabiduría y de inteligencia,
de espíritu de consejo y de fortaleza,
de espíritu de ciencia y de piedad,
y cólmalo del espíritu de tu santo temor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Entonces el presbítero, con la punta del pulgar derecho empapada con el Crisma, hace la señal de la cruz en la frente del que va a confirmarse, diciendo:

N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo.

El confirmado:
Amén.

El presbítero añade:
La paz sea contigo.

El confirmado:
Y con tu Espíritu.

En caso de necesidad urgente, basta que se haga la crismación con las palabras Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo, anteponiendo antes, si es posible, la imposición de manos con la oración Oh Dios omnipotente.

Después de la Confirmación se puede dar al neófito la sagrada Comunión, con el rito descrito en el n. 294. En otro caso, la ceremonia concluye con el rezo de la Oración dominical.

Sagrada Comunión

294. Si la sagrada Comunión se administra inmediatamente después de la Confirmación, o después del Bautismo, cuando la Confirmación no se puede conferir, el ministro puede decir la monición siguiente, omitiendo las palabras que van entre paréntesis cuando se ha dado la Confirmación.

N., liberado de tus pecados y regenerado por Dios Padre, te has hecho hijo suyo en Cristo. (Después, si Dios lo permite, recibirás la plenitud del Espíritu Santo por la Confirmación.) Ahora, pues, antes de que recibas el Cuerpo de Cristo, con el espíritu de los hijos de adopción que acabas de recibir, ora juntamente con nosotros, como el Señor nos enseñó.

Y el neófito y todos los presentes juntamente con el ministro dicen:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

El ministro toma la sagrada hostia, y teniéndola algo levantada y vuelto al neófito, dice:

Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los llamados a esta cena.

El neófito y los presentes dicen una sola vez:

Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.

El ministro da la comunión al neófito, diciendo:
El Cuerpo de Cristo.

Neófito:
Amén.

Y comulga. Los presentes que quieran comulgar, pueden recibir el sacramento.

Acabada la comunión, el ministro concluye la ceremonia con la oración siguiente:

Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
te suplicamos con fe viva
que el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que nuestro hermano (hermana) acaba de recibir,
le conceda la salud corporal
y la salvación eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

El enfermo que, en próximo peligro de muerte, recibe todos o alguno de los sacramentos de la iniciación, si recuperara las fuerzas, debería seguir la catequesis acostumbrada y completar los sacramentos y los ritos que le falten (cf. nn. 279, 295-305).

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Miércoles 2 noviembre 2016, Conmemoración de todos los fieles difuntos.

SOBRE LITURGIA

Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia

Capítulo VII. LOS SUFRAGIOS POR LOS DIFUNTOS

Sentido de los sufragios


251. En la muerte, el justo se encuentra con Dios, que lo llama a sí para hacerle partícipe de la vida divina. Pero nadie puede ser recibido en la amistad e intimidad de Dios si antes no se ha purificado de las consecuencias personales de todas sus culpas. "La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento".
De aquí viene la piadosa costumbre de ofrecer sufragios por las almas del Purgatorio, que son una súplica insistente a Dios para que tenga misericordia de los fieles difuntos, los purifique con el fuego de su caridad y los introduzca en el Reino de la luz y de la vida.
Los sufragios son una expresión cultual de la fe en la Comunión de los Santos. Así, "la Iglesia que peregrina, desde los primeros tiempos del cristianismo tuvo perfecto conocimiento de esta comunión de todo el Cuerpo Místico de Jesucristo, y así conservó con gran piedad el recuerdo de los difuntos, y ofreció sufragios por ellos, "porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados" (2 Mac 12,46)". Estos sufragios son, en primer lugar, la celebración del sacrificio eucarístico, y después, otras expresiones de piedad como oraciones, limosnas, obras de misericordia e indulgencias aplicadas en favor de las almas de los difuntos.

Otros sufragios

255. La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico por los difuntos con ocasión, no sólo de la celebración de los funerales, sino también en los días tercero, séptimo y trigésimo, así como en el aniversario de la muerte; la celebración de la Misa en sufragio de las almas de los propios difuntos es el modo cristiano de recordar y prolongar, en el Señor, la comunión con cuantos han cruzado ya el umbral de la muerte. El 2 de Noviembre, además, la Iglesia ofrece repetidamente el santo sacrificio por todos los fieles difuntos, por los que celebra también la Liturgia de las Horas.
Cada día, tanto en la celebración de la Eucaristía como en las Vísperas, la Iglesia no deja de implorar al Señor con súplicas, para que dé a "los fieles que nos han precedido con el signo de la fe... y a todos los que descansan en Cristo, el lugar del consuelo, de la luz y de la paz".
Es importante, pues, educar a los fieles a la luz de la celebración eucarística, en la que la Iglesia ruega para que sean asociados a la gloria del Señor resucitado todos los fieles difuntos, de cualquier tiempo y lugar, evitando el peligro de una visión posesiva y particularista de la Misa por el "propio" difunto. La celebración de la Misa en sufragio por los difuntos es además una ocasión para una catequesis sobre los novísimos.

260. La piedad popular para con los difuntos se expresa de múltiples formas, según los lugares y las tradiciones.
- la novena de los difuntos como preparación y el octavario como prolongación de la Conmemoración del 2 de Noviembre; ambos se deben celebrar respetando las normas litúrgicas;
- la visita al cementerio; en algunas circunstancias se realiza de forma comunitaria, como en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, al final de las misiones populares, con ocasión de la toma de posesión de la parroquia por el nuevo párroco; en otras se realiza de forma privada, como cuando los fieles se acercan a la tumba de sus seres queridos para mantenerla limpia y adornada con luces y flores; esta visita debe ser una muestra de la relación que existe entre el difunto y sus allegados, no expresión de una obligación, que se teme descuidar por una especie de temor supersticioso;
- la adhesión a cofradías y otras asociaciones, que tienen como finalidad "enterrar a los muertos" conforme a una visión cristiana del hecho de la muerte, ofrecer sufragios por los difuntos, ser solidarios y ayudar a los familiares del fallecido;
- los sufragios frecuentes, de los que ya se ha hablado, mediante limosnas y otras obras de misericordia, ayunos, aplicación de indulgencias y sobre todo oraciones, como la recitación del salmo De profundis, de la breve fórmula Requiem aeternam, que suele acompañar con frecuencia al Ángelus, el santo Rosario, la bendición de la mesa familiar.

CALENDARIO

2 MIÉRCOLES. CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Conmemoración de todos los fieles difuntos. La santa Madre Iglesia, después de su solicitud para celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe solo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha de pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la conmemoración (morado).
mo MISAL: ants. y oracs. props., (3 formularios a libre elección del celebrante), Pf. de difuntos.
LECC.: vol. V y vol. VIII. Se toman tres lecturas de las misas de difuntos.

Liturgia de las Horas: oficio propio.

* Todos los sacerdotes pueden celebrar tres Misas; pero solo se puede recibir un estipendio; la segunda se debe aplicar por el sufragio de todos los fieles difuntos, la tercera por las intenciones del Sumo Pontífice.
* Los fieles que hayan recibido la comunión en una Misa pueden recibirla otra vez, solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe (c. 917).
* Este día el altar no se adorna con flores.
* La música de órgano y de los otros instrumentos solo se permite para sostener el canto.
* Hoy no se permiten otras celebraciones, excepto la Misa exequial.

Martirologio: elogs. del 3 de noviembre, pág. 647.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Conmemoración de todos los fieles difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud para celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.

2 de noviembre
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS 3.
Die 2 novembris
IN COMMEMORATIONE OMNIUM FIDELIUM DEFUNCTORUM 3.
Antífona de entrada Cf Rm 8, 11
Dios, que resucitó de entre los muertos a Jesús, vivificará también nuestros cuerpos mortales, por su Espíritu que habita en nosotros.
Antiphona ad introitum Cf. Rm 8,11
Deus, qui suscitávit Iesum a mórtuis, vivificábit et mortália córpora nostra, propter inhabitántem Spíritum eius in nobis.
Oración colecta
Oh Dios, que resucitaste a tu Hijo para que, venciendo la muerte, entrara en tu reino, concede a tus siervos difuntos que, superada su condición mortal, puedan contemplarte para siempre como su Creador y Salvador. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui Unigénitum tuum, devícta morte, ad caeléstia transíre fecísti, concéde fámulis tuis defúnctis, ut, huius vitae mortalitáte devícta, te conditórem et redemptórem possint perpétuo contemplári. Per Dóminum.

LITUGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias para las misas de difuntos

PRIMERA LECTURA Sab 3, 1-9
Los recibió como sacrificio de holocausto
Lectura del libro de la Sabiduría.

La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento.
La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad;
sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los hallo dignos de sí;
los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto;
a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral;
gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente.
Los que confían en el comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado;
porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos Señor.

O bien más breve: Sab 3, 1-6. 9
Lectura del libro de la Sabiduría.

La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento.
La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz.
La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad;
sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los hallo dignos de si;
los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto.
Los que confían en el comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado;
porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos Señor.

Salmo responsorial Sal 102, 8 y 10. 13-14. 15-16. 17-18 (R.: 8a)
R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Miserator et misericors Dominus.

V. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Miserator et misericors Dominus.

V. Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque el conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Miserator et misericors Dominus.

V. Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como la flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla. R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Miserator et misericors Dominus.

V. Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos. R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Miserator et misericors Dominus.

SEGUNDA LECTURA 4, 13-14. 17b-18
Estaremos siempre con el Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses .

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos, para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con el.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Jn 11, 25a. 26
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Yo soy la resurrección y la vida -dice el Señor-; el que cree en mi no morirá para siempre.
Ego sum resurréctio et vita. Dicit Dóminus; qui credit in me non moriétur in aeternum.
R.

EVANGELIO Jn 11, 21-27
Yo soy la resurrección y la vida
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo:
-«Tu hermano resucitará.»
Marta respondió:
-«Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día.»
Jesús le dice:
-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mi, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
-«Si, Señor: yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
958 La comunión con los difuntos. "La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones `pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados' (2M 12, 45)" (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.
LA PURIFICACIÓN FINAL O PURGATORIO
1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.
1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1Co 3, 15; 1P 1, 7) habla de un fuego purificador:
"Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro" (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).
1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
"Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos" (San Juan Crisóstomo, hom. in 1Co 41, 5).
Sufragios por los difuntos
1371 El sacrificio eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos "que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados" (Cc. de Trento: DS 1743), para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo:
"Enterrad este cuerpo en cualquier parte; no os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que, dondequiera que os hallareis, os acordéis de mi ante el altar del Señor" (S. Mónica, antes de su muerte, a S. Agustín y su hermano; Conf. 9, 9, 27).
"A continuación oramos (en la anáfora) por los santos padres y obispos difuntos, y en general por todos los que han muerto antes que nosotros, creyendo que será de gran provecho para las almas, en favor de las cuales es ofrecida la súplica, mientras se halla presente la santa y adorable víctima… Presentando a Dios nuestras súplicas por los que han muerto, aunque fuesen pecadores, … presentamos a Cristo inmolado por nuestros pecados, haciendo propicio para ellos y para nosotros al Dios amigo de los hombres" (s. Cirilo de Jerusalén, Cateq. Mist. 5, 9. 10).
1479 Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados.

Oración de los fieles
360. Oremos, hermanos, a Dios todopoderoso y eterno, Señor de la vida y de la muerte, por el eterno descanso de los fieles difuntos y por el bienestar de todos los hombres.
- Para que toda la familia santa de Dios viva en la esperanza de la futura resurrección. Roguemos al Señor.
- Para que manifieste a todos los pueblos la promesa de la vida eterna. Roguemos al Señor.
- Para que a cuantos lloran ante la muerte los consuele la promesa de la inmortalidad futura. Roguemos al Señor.
- Para que reciba las almas de los fieles que han salido de este mundo y los haga gozar de su presencia. Roguemos al Señor.
- Para que Dios admita en la gloria de su reino a todos los que creó por amor. Roguemos al Señor.
- Para que escuche la oración de los que estamos aquí reunidos en su nombre y admita en su reino a nuestros familiares y amigos que han salido ya de este mundo. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza; humildemente te pedimos que escuches nuestra oración: concede a tus siervos que han salido de este mundo la luz y la paz, y a nosotros el consuelo de la futura resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, en tu bondad las ofrendas que te presentamos por todos los fieles que descansan en Cristo, para que, rotos los lazos de la muerte por la eficacia de este sacrificio, merezcan alcanzar la vida eterna. Por Jesucristo, Señor nuestro.
Super oblate
Pro ómnibus fámulis tuis in Christo dormiéntibus hóstiam, Dómine, súscipe benígnus oblátam, ut, per hoc sacrifícium singuláre vínculis mortis exúti, vitam mereántur aetérnam. Per Christum.
PREFACIO V DE DIFUNTOS
Nuestra resurrección por medio de la victoria de Cristo
En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo.
Porque si el morir se debe al hombre, el ser llamados a la vida con Cristo es obra gratuita de tu amor, ya que, habiendo muerto por el pecado, hemos sido redimidos por la victoria de tu Hijo.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros te proclamamos en la tierra, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO V DE DEFUNCTIS
De resurrectione nostra per victoriam Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia, etsi nostri est mériti quod perímus, tuae tamen est pietátis et grátiae quod, pro peccáto morte consúmpti, per Christi victóriam redémpti, cum ipso revocámur ad vitam.
Et ídeo, cum caelórum Virtútibus, in terris te iúgiter celebrámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de la comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.
Antiphona ad communionem Cf. Ph 3, 20-21
Salvatórem exspectámus Dóminum Iesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostrae configurátum córpori claritátis suae.
Oración después de la comunión
Por este sacrificio que hemos celebrado derrama, Señor, con largueza tu misericordia sobre nuestros hermanos difuntos; tú que les concediste la gracia del bautismo, concédeles también la plenitud de los gozos eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Multíplica, Dómine, his sacrifíciis suscéptis, super fámulos tuos defúnctos misericórdiam tuam, et, quibus donásti baptísmi grátiam, da eis aeternórum plenitúdinem gaudiórum. Per Christum.
Se puede usar la bendición solemne en las celebraciones por los difuntos.
El Dios de todo consuelo, que con amor inefable creó al hombre y en la resurrección de su Hijo ha dado a los creyentes la esperanza de resucitar,
derrame sobre vosotros su bendición.
R. Amén.
Él conceda el perdón de toda culpa a los que aún vivimos en el mundo, y otorgue a los que han muerto el lugar de la luz y de la paz.
R. Amén.
Y a todos nos conceda vivir eternamente felices con Cristo al que proclamamos resucitado de entre los muertos.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis in celebrationibus pro defunctis.
Benedícat vos Deus totíus consolatiónis, qui hóminem ineffábili bonitáte creávit, et in resurrectióne Unigéniti sui spem credéntibus resurgéndi concéssit.
R. Amen.
Nobis, qui vívimus, véniam tríbuat pro peccátis, et ómnibus defúnctis locum concédat lucis et pacis.
R. Amen.
Ut omnes cum Christo sine fine felíciter vivámus, quem resurrexísse a mórtuis veráciter crédimus.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 3 de noviembre
S
an Martín de Porres
, religioso de la Orden de Predicadores, hijo de un español y de una mujer de color, que, ya desde niño, a pesar de las limitaciones provenientes de su condición de hijo ilegítimo y mulato, aprendió la medicina, que después, ya religioso, ejerció generosamente en Lima, ciudad del Perú, a favor de los pobres, y entregado al ayuno, a la penitencia y a la oración, vivió una existencia áspera y humilde, pero irradiante de caridad (1639).
2. En Cesarea de Capadocia, santos Germán, Teófilo y Cirilo, mártires (s. inc.).
3*. En Agrigento, de Sicilia, san Libertino, obispo y mártir (s. III/IV).
4*. En la región de Lauragais, en la Galia Narbonense, san Pápulo, venerado como mártir (s. III/IV).
5. En Viterbo, del Lacio, santos Valentín, presbítero, e Hilario, diácono, mártires (s. inc.).
6*. En la Bretaña Menor, san Guenael, venerado como abad de Landevenec (s. VI).
7. En Roma, conmemoración de santa Silvia, madre del papa san Gregorio I Magno, de la que el mismo Pontífice dejó escrito que había alcanzado la cima de la oración y de la penitencia, siendo óptimo ejemplo para los demás (s. VII).
8. En Vienne, de la Galia Lugdunense, san Domnino, obispo, que se dedicó a la redención de los cautivos (c. 538).
9. En el monasterio de Hornbach, junto a Estrasburgo, en Burgundia, sepultura de san Pirmino, obispo y abad de Reichenau, que evangelizó a alamanes y bávaros, fundó muchos monasterios y compuso para sus discípulos un libro para catequizar a los agrestes (s. III/IV).
10. En el cenobio de Antidio, en Bitinia, san Juanicio, monje, que, después de más de veinte años al servicio de las armas, vivió solitario en varias montañas del Olimpo, y solía acompañar su oración con estas palabras: Dios es mi esperanza, Cristo mi refugio, el Espíritu Santo mi protector (846).
11*. En Alem, de Flandes, conmemoración de santa Odrada, virgen (c. s. XI).
12. En Urgel, en la región hispánica de Cataluña, san Ermengol o Ermengaudo, obispo, uno de los preclaros pastores que se cuidaron de restablecer la Iglesia en las tierras rescatadas del yugo de los sarracenos. Construyó un puente poniendo los materiales y su mano de obra, pero, resbalándose de lo alto, murió entre las piedras por fractura del cráneo (1035).
13*. En el territorio de los marsos, en el Abruzo, beato Berardo, obispo, que sobresalió en la extirpación de la simonía, la restauración de la disciplina clerical y la sustentación y protección de los pobres (1130).
14*. En Cudot, en la región de Sens, en Francia, beata Alpaide, virgen, que, siendo jovencita, cruelmente herida y abandonada por los suyos, vivió recluida en una minúscula celda hasta la ancianidad (1211).
15*. Cerca del monasterio de Fieschingen, en Suiza, santa Ida, reclusa (1226).
16*. En Rímini, de la provincia de Flaminia, beato Simón Balachi, religioso de la Orden de Predicadores, que entregó toda su vida al servicio de los hermanos, dedicado a la penitencia y a la oración (1319).
17. En Milán, de la Lombardía, muerte de san Carlos Borromeo, obispo, cuya memoria se celebra mañana (1584).
18. Junto a la fortaleza Xa Doai, en Tonquín, san Pedro Francisco Nerón, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que, en tiempo del emperador Tu Duc, vivió tres meses encerrado en una cueva estrechísima, donde, herido atrozmente con varas, se abstuvo durante tres semanas de todo alimento y consumó su martirio al ser finalmente decapitado (1860).
19. En el monasterio de Asán, sepultura de san Gaudioso, que, discípulo de san Victoriano, fue elegido obispo de Tarazona, sede en la que se distinguió por su defensa de la fe contra los arrianos (s. VI).